El Asturcón o poni asturiano es la raza equina autóctona de Asturias y norte de León, y es un caballo pequeño, rudo y resistente, bien adaptado a la dureza de la cordillera Cantábrica.
En este artículo, una «muy especial» conocedora de los caballos en general y de los asturcones en particular, nos descubre los secretos del caballo asturiano por excelencia.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Indice del Artículo
La primera vez, el enamoramiento
No recuerdo con exactitud cuándo nací, pero sí cuando adquirí «mi especial condición», y desde entonces siempre he sido una esbelta yegua de una raza con noble estirpe procedente de Turkmenistán.
La primera vez que vi un asturcón, y dada mi condición femenina, supe que era lo que hacía mucho tiempo que andaba buscando.

En la época de la que hablo no era fácil viajar, y había que desplazarse por caminos de piedra en el mejor de los casos.
Yo pertenecía a un centurión de una legión romana, establecida en el norte de lo que hoy llamamos España, concretamente en Asturias.
Roma conquistaba lo que posteriormente llamó Noega, a los astures, pueblo rudo y luchador a imagen de sus caballos, los asturcones.

El historiador romano Plinio dijo de los asturcones que eran caballos de corta alzada y estampa nada atractiva, pero sobrios, fuertes, resistentes y veloces.
El poni astur o asturcón es un caballo de pequeño tamaño (con alzada a la cruz inferior a 1,48 metros), con panza o barriga abultada, de color generalmente oscuro y con crines largas y cola voluminosa.
Su carácter es rudo, salvaje e indomable y suele vivir en los montes, aunque algunos individuos han sido domesticados, primero por los astures y posteriormente por los romanos.

Por ello, han sido utilizados para la guerra, la labranza de los campos de cultivo, el tiro en molinos e incluso aprovechada su carne para alimento de la raza humana.

En lo que a «mi especial condición» concierne, mencionar que tienen una sangre dulce, sabrosa y muy nutritiva, además de parecerme la raza equina definitiva.
Conviví con los asturcones durante unos años, y así pude ver el falso gran volumen que les atribuye sus pobladas crines y «la borra», ese pelaje protector del frío que pierden en verano.
Pude observar la dureza de sus remos (patas) y cascos, la seguridad de su paso, y ese especial andar (el asturcón no cabalga sino que trota usando ambas patas del mismo lado de cada vez).

Me gustó de ellos el carácter familiar o de manada que poseen, , y sobre todo su templanza y fortaleza.
Maravillosos son mis recuerdos de aquellos veranos que pasé alimentándome de la manada de asturcones por los montes y majadas de la cordillera cantábrica.
La segunda, la añoranza
La segunda vez que tuve contacto con una manada de asturcones fue siglos después, a finales del siglo XX, en la majada de Espineres en la sierra del Sueve, en Asturias, entre los concejos de Piloña y Colunga.
En esa época, yo pertenecía a un joven ganadero, al cual le fascinaba la cría de caballos.
Desde 1980 hasta la actualidad, se festeja en ese lugar la «Fiesta del Asturcón» y se celebra una exhibición de equitación y doma de asturcones, así como el marcaje de todos los potros nacidos en ese año.

Este marcaje implica pertenencia a un individuo o ganadero, se le pone nombre y se inscribe en un registro oficial de la raza, y se le inserta un microchip para su control.
Pude, con tristeza, comprobar cuanto había descendido la cabaña equina de asturcones, quedando relegados, a unas pocas manadas, usadas para disfrute y contemplación de la raza humana.

Posiblemente, la razón fundamental del descenso de asturcones haya sido la sustitución de los mismos por maquinaria agrícola.
A ello contribuyó, seguramente, las mezclas con otras razas y el mestizaje, y la depredación por parte de lobos y osos de los potros jóvenes.

Me alimenté de la manada y me di cuenta de cuanto había añorado el sabor de su sangre, el calor de su afecto, y la nobleza de su raza.
En esa época, la concienciación de los ganaderos del Sueve, dio lugar al nacimiento de ACAS (Asociación Conservadora de Asturcones del Sueve).
El fin último de la dicha asociación es evitar la extinción del asturcón, con iniciativas como «apadrina un asturcón» en la que colaboras con el mantenimiento de un asturcón por un precio simbólico anual.
La tercera, la fe ciega
En la actualidad, pocos son los lugares en los que aún se mantienen manadas de asturcones, como la sierra de El Sueve (Colunga-Piloña) o la sierra del Pedroriu (Grado-Belmonte de Miranda).
Hay algunas ganaderías que mantienen alguna manada de Asturcones, como ganadería Martínez de Guimarán-Carreño (las imagénes de este artículo han sido tomadas en sus inmediaciónes y a su manada).
En la década de los 80s del siglo XX se creó ACPRA (Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón), y ello por la conciencia que surgió a partir de esa época para evitar la extinción de la especie.

La manada es la unidad básica social de los caballos asturcones, que en Asturias se denomina Corro o «Corru».
El Corru esta compuesto por un caballo semental (el Greñu), un grupo de yeguas (Burras o Burres) con sus crías, y un número indeterminado de ejemplares subadultos de ambos sexos.

La vida de estas manadas es prácticamente salvaje, por lo que permanecen todo el año en la sierra, no obstante bajo el control de asociaciones proteccionistas de la especie y de la administración.

Todos estos lugares son visitados con frecuencia por mí, al objeto de alimentarme y sentir de nuevo el calor de mi «raza equina favorita».
A día de hoy no tengo dueño y vago por los montes sin rumbo ni destino, tan solo guiada por «mi especial condición», adoro su sangre y por ello tengo fe ciega en la conservación de esta especie.
Todas las imágenes de este artículo son propias.
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