Los Lagos de Covadonga, en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa, pertenecen a esa categoría de espacios que no necesitan presentación.
Su nombre ya es un eco y parecen existir desde mucho antes de que existiera la palabra paisaje.
Son un símbolo de Asturias, sí, pero también un espejo donde se refleja la relación profunda entre la montaña, el tiempo y la memoria humana.
Quien asciende hasta ellos no solo sube una carretera, asciende a un estado de ánimo.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Es un destino imprescindible para amantes de la naturaleza, el senderismo y la fotografía y un símbolo del turismo de montaña asturiano.
Es, posiblemente, uno de los lugares más visitados del norte de España.

Indice del Artículo
Como llegar a los lagos de Covadonga
Los lagos de Covadonga se ubican en el concejo de Cangas de Onís, dentro del macizo occidental de los Picos de Europa, en su vertiente asturiana.
Para visitar los lagos puedes hacerlo en temporada baja o en temporada alta.
En la primera no existen limitaciones para llegar con tu propio vehículo (excepto semana santa y algunos fines de semana de Marzo, Abril, Noviembre y Diciembre).
Dispones de al menos 2 parkings en el entorno de los lagos, con capacidad para un centenar de coches.

En temporada alta, es decir desde Junio a Octubre, se restringe el acceso de vehículos particulares, por lo que solo puedes acceder en los autobuses lanzadera y otros transportes menores autorizados.
Tienen su salida desde la estación de autobuses de Cangas de Onís y 4 puntos de aparcamiento más, todos en dirección a Covadonga a lo largo de la carretera.
Te detallo todo esto en un enlace en el apartado Otros Enlaces de Interés al final del artículo (fechas, lugares, horarios y precios).
Te dejo además la geolocalización de Cangas de Onís, Covadonga y los lagos para que te sirva de orientación:
Cangas de Onís

Covadonga

Los Lagos de Covadonga

Es por ello que la restricción de acceso a vehículos es, en mi opinión, del todo acertada…
Un ascenso que es un rito
El camino de ascenso hacia los lagos, que se encuentran a poco más de mil metros de altitud, comienza en el Real Sitio de Covadonga, donde la piedra y la devoción se abrazan desde hace siglos.

Desde allí, la carretera panorámica de subida de alrededor de 12 km, serpentea entre hayedos, praderías y paredes calizas que se elevan como un anfiteatro natural.

Cada curva abre una ventana nueva: un valle que se hunde, un risco que se afila, un rebaño que se mueve como una pincelada blanca sobre el verde.


La subida es un rito, un tránsito…
No importa cuántas veces la hayas hecho, siempre te sorprende.
Y cuando por fin aparece el lago Enol, el primero del conjunto, la sensación es la de haber llegado a un lugar que te estaba esperando.

El Enol, un espejo profundo
El lago Enol es el mayor de los dos lagos principales.
Su superficie tranquila refleja las montañas circundantes con una nitidez que parece irreal, como si el agua fuese un cristal pulido por siglos de silencio.

En días despejados, el azul del cielo se hunde en él hasta volverse casi marino; en días nublados, adopta un tono acerado que recuerda la dureza de la roca que lo rodea.

Bajo sus aguas, a veinte metros de profundidad, descansa una imagen que es réplica de la Virgen de Covadonga, sumergida allí como símbolo de protección.
Cada año, los buzos del parque, la ascienden para la tradicional misa del pastor que se celebra en la vega de Enol, todos los 8 de septiembre, día de Asturias y de Covadonga.

Es un gesto que une lo humano y lo natural, lo ritual y lo cotidiano.
El Enol es un lago glacial, formado por el retroceso de los hielos que modelaron estas montañas hace miles de años.

Su origen se percibe en la forma del valle, en las morrenas que lo rodean, en la manera en que el agua parece guardar un frío ancestral, incluso en verano.

Su entorno de praderas y roca caliza es ideal para fotografía y observación del paisaje.

Desde aquí, el resto del recorrido será a pie.

Todo está perfectamente señalizado y hay senderos que te orientan y te dirigen en la visita.

La Ercina, la serenidad en altura
Un poco más arriba, tras una breve subida, aparece el lago La Ercina.
Más pequeño, más luminoso, más íntimo…

Si el Enol es un espejo solemne, La Ercina es una ventana abierta a la vida pastoril.
Sus orillas suelen estar salpicadas de vacas que pastan con la calma de quien sabe que el tiempo aquí tiene otro ritmo.


La Ercina cambia con las estaciones: en primavera se llena de flores y deshielo; en verano brilla como una lámina de plata; en otoño se vuelve dorado; en invierno, cuando la nieve lo cubre, parece un lago detenido en un sueño blanco.

Su poca profundidad permite ver el fondo en muchos puntos, lo que le da un aire cristalino, casi doméstico, frente a la solemnidad del Enol.


Es el lago más amable y fotogénico, perfecto para paseos tranquilos y observación de fauna y flora.



En la imagen una chova piquigualda picotea un excremento de vaca en busca de gusanos y otros insectos o quizás lo use como argamasa para su nido

El Bricial, el lago que aparece y desaparece
El tercer lago, menos conocido, es El Bricial, que solo contiene agua en épocas de deshielo o lluvias intensas.
Es un lago estacional, un fantasma que aparece y desaparece según el capricho del clima.

En la imagen, por ser verano se muestra prácticamente seco y con hierba, tan solo algunas «charcas» se vislumbran entre la bruma
Su presencia recuerda que la montaña es un organismo vivo, cambiante, que no se deja domesticar del todo.

La niña que buscaba cobijo
Cuenta la leyenda que, en el lugar que ahora ocupa el lago Enol, hubo antaño un hermoso valle.
Y que en él tenían sus hogares una decena de pastores que allí vivían y cuidaban de su ganado.

Un día, el cielo se torno oscuro y repentinamente comenzó una violenta tempestad de rayos y truenos, que en la montaña no son cualquier tontería.

La mayoría de los pastores se reunieron en la casa de uno de ellos al calor de la chimenea.
Al caer la noche, los pastores oyeron unos golpes en la puerta que, por momentos, eran ahogados por el ruido de la ventisca y la fuerte lluvia.

Uno de ellos abrió la puerta y cuál no sería su sorpresa, cuando se encontró a una niña en el umbral de la entrada.
La niña era pequeña, de unos 7 u 8 años, y estaba empapada, sucia y asustada.
Confesó estar hambrienta y perdida y decía tener miedo pidiéndoles cobijo en nombre de la «misericordia del Señor».
Los pastores se burlaron toscamente de ella, de su miedo y de su desgracia, despreciándola y cerrándole la puerta sin prestarle atención alguna.
La niña recorrió varias de las casas del valle pero en ninguna de ellas encontró refugio.
Tan solo en la zona más alta del valle, en la vivienda más humilde del lugar, una joven pastora que estaba también atemorizada por la tormenta, acogió a la niña.

Le proporcionó aposento para pasar la noche, le dio de cenar y la colmó de tranquilidad y cariño.
Transcurrió la noche y al amanecer ambas salieron de la casa.
La tormenta ya había cesado pero lo que la joven pastora vio la dejó perpleja.
El valle había desaparecido y en su lugar ahora había un enorme lago, que había cubierto totalmente las casas de los otros pastores.

Se volvió para hablar con la niña… pero también ella había desaparecido.
Nunca se supo mucho más de este episodio, pero hay quien afirma que la niña era la «virgen» y que ese fue el origen del Enol, el mayor de los lagos de Covadonga.
Un paisaje modelado por el hielo y el tiempo
Los Lagos de Covadonga son una lección de geología a cielo abierto.
Los glaciares excavaron cubetas, arrastraron rocas, pulieron paredes y dejaron un relieve que hoy parece obra de un escultor paciente.

Las montañas que los rodean —la Porra de Enol, el Mosquital o el Requexón por citar alguno, picos que se asoman desde el macizo occidental— forman un anfiteatro natural donde la luz cambia a cada hora.

El suelo está lleno de rastros del pasado: morrenas, depósitos glaciares, rocas erráticas.

Caminar por los senderos que rodean los lagos es caminar sobre la historia profunda de la Tierra.


Rutas de senderismo como la del Mirador de Entrelagos, la Ruta de las Minas de Buferrera o el paseo hasta la Vega de Enol son realizadas todos los años por multitud de visitantes.


Son rutas cortas y de fácil recorrido para personas incluso poco avezadas en la montaña.




Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, Marqués de Villaviciosa, fue además de escritor y político, un destacado deportista de montaña que escaló varias veces el Naranjo de Bulnes e impulsó la Ley de Parques Nacionales
La vida que habita en la altura
Aunque el paisaje pueda parecer mineral, la vida abunda.
En las praderas pastan vacas, ovejas y cabras que mantienen un vínculo remoto con los pastores de la zona.


En los cielos vuelan buitres leonados, águilas reales y, con suerte, algún quebrantahuesos reintroducido.

Entre las rocas se esconden lagartos, pequeños mustélidos y aves alpinas que encuentran aquí su refugio.


Las aguas de los lagos albergan truchas y pequeños invertebrados adaptados al frío.

La vegetación, resistente y baja, se aferra a la roca con una tenacidad que solo se entiende en la montaña.




Un símbolo cultural y emocional
Los Lagos de Covadonga no son solo un paisaje, son un símbolo.

Para los asturianos, representan la identidad montañosa, la conexión con la naturaleza, la memoria de los pastores que subían cada verano a las majadas.
Para los más profanos, una majada es un lugar en la montaña en el que se reúne el pastor y el ganado para pasar la noche.

De cara a los visitantes, los lagos son una puerta de entrada a los Picos de Europa, un lugar donde la belleza se vuelve casi abrumadora.
La Vuelta Ciclista a España ha convertido la subida a los lagos en una etapa mítica.
Cada año, miles de aficionados se agolpan en las cunetas para ver a los ciclistas enfrentarse a rampas que parecen desafiar la lógica.

Es otra forma de ritual, otra manera de medir la grandeza del lugar.
El silencio como patrimonio
Quizá uno de los bienes más valiosos de los lagos sea su silencio.


Es un silencio que no es ausencia, sino presencia: el viento que baja de las cumbres, el tintinear de los cencerros, el rumor del agua que se filtra entre las rocas.

Un silencio que invita a detenerse, a respirar, a mirar con calma.


Es un lugar donde uno puede sentarse en una roca, contemplar el reflejo de las montañas y sentir que, por un instante, todo encaja.


En un mundo acelerado, los Lagos de Covadonga ofrecen un refugio donde el tiempo se ensancha, un refugio en el que apetece estar…
Consejos para visitar los Lagos de Covadonga
- Llega temprano para disfrutar del silencio y evitar aglomeraciones.
- Consulta el tiempo, ya que la niebla puede aparecer de forma repentina.
- Lleva calzado adecuado y un chubasquero, incluso para rutas cortas.
- Respeta al ganado y mantén una distancia prudencial.
- No abandones senderos señalizados para proteger el ecosistema.
- Evita drones, están totalmente prohibidos en el Parque Nacional.

En resumidas cuentas
Estamos pues en un lugar que permanece…
Los Lagos de Covadonga son, en esencia, permanencia… esa es la palabra que, a mi entender, define este lugar.
Permanencia del hielo que los creó, de las montañas que los guardan, de las historias que los rodean.

Pero también son cambio: luz que varía, estaciones que se suceden, visitantes que llegan y se van.
Quien los visita regresa distinto porque estos lagos no se limitan a ser vistos: se quedan dentro.
Son un recuerdo que vuelve en forma de luz, de olor a hierba húmeda, de silencio azul y gris.
Un lugar que, una vez conocido, acompaña para siempre.

Hay pocos sitios de los que digo esto: a los lagos de Covadonga hay que ir, al menos, una vez en la vida.
Para la realización de este artículo he utilizado IA, dándole no obstante «mi habitual tono personal».
Todas las imágenes de este artículo son propias.
Otros enlaces de interés
Acceso a los lagos de Covadonga, turismoasturias.es
Los lagos de Covadonga, lagosdecovadonga.org
El Parque Nacional de los Picos de Europa, parquenacionalpicoseuropa.es
Otros de mis artículos que te pueden interesar:
Los quesos asturianos, el tesoro gastronómico de Asturias
La primavera en Asturias, el verde despertar
Qué puedo ver en Cangas de Onís en una hora…
La sidra natural, el espíritu de Asturias
Universidad Laboral de Gijón, el mayor edificio de España
El Rey Pelayo y la batalla de Covadonga contada por él mismo
Fabada Asturiana hecha en casa
Cabo Peñas, entorno de paisaje protegido
La Asturias legendaria, cinco relatos mágicos