Elogio del horizonte es una obra de arte que en pocos años ha dado imagen y prestigio a Gijón, pero pocos saben como se fraguó la idea, el lugar y su construcción.
En este artículo te doy unos ligeros esbozos del cómo, y el por qué de esta monumental obra.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Indice del Artículo
Elogio del horizonte, según Eduardo Chillida
La localización
Un punto clave para Eduardo Chillida fue encontrar una localización adecuada para su obra Elogio del horizonte.
Y es por ello que entre otras muchas localizaciones posibles «escogí el cerro de Santa Catalina en Gijón«.

La obra se involucró de manera sobresaliente con el lugar.
Al visitar su emplazamiento y situarte dentro de su volumen, percibes su «chillido» al mar, al horizonte, al espacio.

Citando a Eduardo Chillida «el espacio se ha convertido en lugar, y ha sido la obra quien lo ha hecho con su presencia».

La idea de hacer un Elogio del horizonte «me hizo recorrer la costa europea«.
Y «todos los lugares que me parecían adecuados para esta obra estaban ocupados».
Generalmente eran lugares estratégicamente situados en zonas de acantilados, con búnkeres y fuertemente militarizados.
En Gijón «tuve la suerte de que el ejército ya había abandonado el lugar«.
La obra encajaba a la perfección con la estructura de búnkeres que a día de hoy permanecen allí.
En mi opinión, «siempre ha sido el lugar el que ha condicionado la obra«.

El lugar
Surge, en este caso, la cuestión de valorar este lugar, que está en función de algo tan inmenso como es la bóveda y el horizonte, y si realmente el lugar tiene la importancia suficiente.
Un aspecto fundamental fue el «no pasarse en la escala«, ni demasiado pequeño ni demasiado grande.
Ni demasiado pequeño para quedar oculto a la vista, pero lo suficientemente grande para ser observado por encima de tejados, desde el mar y desde zonas de promontorio.


La forma
Y que decir de la forma… para el Elogio hubo tres proyectos posibles.
«Elegí el más simple, el más económico, pero que a su vez crea un espacio mediador entre nosotros y el cosmos«.


Elogio del horizonte, su construcción
La construcción de la obra Elogio del horizonte llevó unos cuatro años y puedo asegurar que el pueblo gijonés lo vivió tan intensamente como su autor.
Cuando digo construcción quiero decir, diseño de la obra, preparación de las piezas de madera que se utilizaron para su encofrado, preparación de la jaula metálica en la que se realizaría posteriormente el vertido del hormigón y ulterior pulido de este para que adquiriera el color adecuado.
Y no entro a analizar el coste de la obra ni las pugnas políticas que generó entre los distintos grupos que componían la corporación gijonesa en dicha época.
Para los vecinos del entorno se convirtió en habitual visitar el cerro para observar los avances de la obra.

Hubo que realizar un encofrado muy complejo y se dibujaron todas las piezas una por una, que más tarde encajaron a la perfección.

Se podría decir que los realizadores eran a la vez excelentes encofradores y ebanistas, ya que todo el encofrado se hizo con un sinfín de piezas de madera.
Dio lugar todo ello a una obra de hormigón de diez metros de altura, con dos anchos puntales y sobre ellos una estructura elipsoide.

La realización de esta formidable pieza que se eleva sobre los acantilados del cerro de Santa Catalina fue uno (por no decir el que más) de los proyectos más ambiciosos de Eduardo Chillida, en el campo de la escultura pública.

Elogio del horizonte para Gijón y sus habitantes
Elogio del horizonte se ha convertido en imagen de una ciudad que tras atravesar varias reconversiones, ha evolucionado positivamente hacia el siglo XXI.

La obra ha sido parte de una reconversión de ideas, pasando de un espacio para uso militar a una estructura que nos comunica con el entorno, con la contemplación.
Es visita obligada para turistas que vienen a la ciudad así como para lugareños que se acercan al cerro de Santa Catalina a pasear.

En su entorno puedes percibir el horizonte con sus espectaculares vistas de la inmensidad del mar, del puerto del Musel, y del cabo de San Lorenzo.


Y si te das la vuelta puedes observar la ciudad y las colinas que rodean a la misma.

E introduciéndote en su interior puedes percibir el sonido del cosmos y el chillido que a través de esta obra emite la ciudad hacia el espacio exterior.

En resumidas cuentas
En resumen, he querido presentarte el Elogio del horizonte como una obra que simboliza a la ciudad de Gijón.
También la he presentado como una alegoría que invoca al mar y al espacio, lanzando una llamada al mundo en espera de respuesta.
Si no conoces el Elogio del horizonte y su entono se hace obligatorio que en tu próxima visita a Gijón te acerques al cerro de Santa Catalina y lo disfrutes.
Para la elaboración de este artículo he utilizado y curado contenidos, entre otros, del libro «Elogio del horizonte, una obra de Eduardo Chillida» de la editorial Progreso Editorial S.A.

Todas la imágenes de este artículo son propias.
Otros enlaces de interés
El Elogio del horizonte, elsevier.es
Elogio del horizonte, webgijón
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