La Asturias legendaria no es únicamente un conjunto de relatos y leyendas.
Es también un pedazo fundamental de identidad asturiana, que conecta el presente con el pasado en modo narrativo, ayuda a dar forma a nuestro entorno natural y conforma una muestra de nuestra manera de entender el mundo.
Aquí tienes 5 ejemplos de estos relatos que transmiten con su magia, la forma de ser, creer e interpretar las cosas, de la «Asturias más profunda» y legendaria.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Indice del Artículo
La Xana
En Asturias, una xana es una mujer joven, extremadamente bella, que habita en fuentes, ríos y cuevas, en especial allí donde el agua es pura y cristalina.
Es similar a un hada, de cabellos largos generalmente rubios, que custodia tesoros, y es por ello que suele encantar a quien la escucha.
Es un espíritu de la naturaleza y se le asocia con la pureza y la belleza del entorno natural.

Relato1: La voz del agua
En un bosque encantado de Asturias, donde los helechos susurran y los riachuelos cantan, vivía una xana llamada Lúa.
Sus cabellos eran como hilos de luz de luna y su voz tenía el poder de calmar hasta el corazón más roto.

Lúa no era como las otras xanas que encantaban viajeros o se escondían en fuentes secretas, ella tenía una curiosidad inmensa por el mundo humano.
Cada noche, cuando los habitantes del pueblo dormían, Lúa se acercaba al molino abandonado junto al río.
Allí escuchaba historias flotando en el viento, risas, canciones, llantos… todo le fascinaba.
Un día, conoció a Nico, un joven que escribía cuentos pero que, desgraciadamente, había perdido la inspiración.
Él la descubrió por accidente, siguiendo el murmullo de una melodía que sólo él oía.

Cuando la vio, pensó que soñaba, pero Lúa le habló: “tus palabras tienen alas le dijo, solo debes recordar cómo volar.”
Desde entonces, cada noche, Nico volvía al molino y Lúa le contaba relatos antiguos, secretos del bosque, fragmentos del alma del mundo.

Y Nico, inspirado por la magia de la xana, escribió un libro que sembró de esperanza a los habitantes de su pueblo.

Pero hay algo curioso, nadie ha vuelto a ver a Lúa, aunque algunos juran que si escuchas atentamente el sonido del agua, podrías oír sus cuentos aún flotando entre los árboles…
El Ventolín
En Asturias, un ventolín es un espíritu del aire, y se le describe como un pequeño duende con alas.
Está relacionado con el viento, la lluvia y el rocío de la mañana y suele ser benévolo, amable y de buen carácter.
Se dice de él, que transporta, entre otras cosas, los suspiros de los amantes e incluso el último adiós de los padres a los hijos.

Relato2: El susurro del alba
En los acantilados de Llanes, donde la brisa se viste de rocío y los primeros rayos de sol acarician el mar, vivía un ventolín llamado Brisuelo.
Era pequeño como una flor de escoba y ligero como el aliento de la mañana.

Brisuelo pasaba sus días danzando entre las hojas de los manzanos, guiando el rocío hasta los prados y ayudando a las almas a subir al cielo.
Una mañana, mientras revoloteaba cerca de una fuente escondida entre helechos, Brisuelo escuchó una melodía tan dulce que detuvo el viento.
Allí, bañada en luz dorada, cantaba una Xana llamada Llara.

Su voz curaba nostalgias, y su mirada tenía el azul de las pozas más profundas.
Brisuelo, que nunca había sentido más que la alegría de volar, sintió algo distinto, un temblor en el pecho que no era brisa ni rocío… era amor.
Durante días la observó desde las ramas, sin atreverse a hablar.

Pero una tarde de tormenta, cuando los rayos rasgaron el cielo, vio cómo el agua subía y amenazaba la fuente de Llara.
Sin pensarlo dos veces, Brisuelo usó toda su magia para desviar la tormenta.
El cielo se aclaró, y la Xana lo vio, agotado pero sonriente.
Llara se acercó a él, le curó con su canto, y le dijo:
—Eres viento, pero tienes alma. ¿Volamos juntos?
Desde entonces, cada amanecer, se les ve danzando sobre el mar.
Ella teje luces con sus cantos, y él dibuja espirales de rocío en el aire.
Y si alguna vez sientes una caricia en la brisa marina, quizás sea Brisuelo recordándote, que hasta el viento puede enamorarse.

El Trasgu
En Asturias, un trasgu es un duende juguetón y travieso, que vive en el entorno familiar.
Se le suele representar con gorro rojo de pico y, aunque no es peligroso, suele enfadar a los habitantes de los pueblos por sus continuas travesuras.
Cambia las cosas de sitio y se le atribuye todo aquello que de otra manera resultaría inexplicable.
Es un ser hogareño aunque también puede aparecer en el monte o en el bosque molestando sobre todo a las muchachas que pastorean el ganado.
Se le suele ahuyentar encomendándole tareas imposibles de realizar que se toma como retos, y al no poder hacerlo, huye no sin causar antes considerables destrozos.

Relato3 El caos cariñoso de Gaetano
En el rincón más sombrío de un hórreo asturiano, vivía un trasgu llamado Gaetano.
Era pequeño, escurridizo y de ojos brillantes como castañas al sol.
Llevaba siempre un raído gorro rojo y unos zuecos que chirriaban al caminar.

Nadie sabía cuándo había llegado, pero todos sabían que donde había desorden… allí estaba él.
En la casa de la familia del pequeño Martín, los cubiertos aparecían cada mañana dentro de la olla del pote, los calcetines cambiaban de cajón y el pan desaparecía misteriosamente.

La abuela decía: «Ye cosa del trasgu, pero no lo enfadéis, que si se va, la casa se vuelve triste.»
Un día, el pequeño Martín decidió provocar al travieso duende.
Construyó un laberinto de escobas, colocó harina en el suelo para seguir sus huellas y dejó una tarea imposible: doblar una montaña de ropa… ¡pero sin que ninguna prenda quedara mal!

El trasgu, como todos los de su especie, no podía resistirse a un reto.
Se coló por la chimenea y trabajó toda la noche.
Pero al notar que una manga estaba mal doblada, se enfureció, hizo un ruido como de cien ratones juntos y desapareció.
Desde entonces, la casa quedó silenciosa… demasiado tal vez…
A partir de ese día, nadie perdió nada, todo estaba ordenado… pero también sin gracia alguna.
Martín se arrepintió y le escribió una nota que decía: «Gaetano, tu caos nos daba vida» y la dejó en un hueco del hórreo con un trozo de queso afuega’l pitu.

Esa noche, los zuecos volvieron a chirriar y desde entonces, Gaetano vive allí de nuevo, desordenándolo todo con mucho cariño.
El Cuélebre
En Asturias, un cuélebre es una serpiente alada con forma de dragón.
Se dice de él que custodia tesoros y personas encantadas, que se denominan ayalgas.
Vive generalmente en cuevas cercanas al mar, aunque también se le ha visto en los bosques, cerca de ríos y fuentes.
Llega a vivir cientos de años y se alimenta de pescado, ganado y de humanos.

Relato4 El guardián del recuerdo
En lo alto de Peña Mayor, donde las nubes abrazan los picos y el eco parece guardar secretos milenarios, vivía un cuelebre llamado Branu.
No era como los cuélebres que se cuentan en las leyendas, feroces y maliciosos.
Branu tenía escamas que brillaban como la lluvia al sol y una mirada triste, como si llevase siglos esperando algo.

Se decía que custodiaba un tesoro oculto en el interior de una cueva, con su entrada cubierta por ortigas y helechos.
Pero nadie sabía que ese tesoro no era oro, y tampoco joyas, sino que era un antiguo amuleto que contenía recuerdos de los pueblos astures, canciones que ya no se cantaban y sueños olvidados de las montañas.
Un día, Xela, una niña curiosa del concejo de Nava, se perdió recogiendo castañas por el monte.

Siguiendo una melodía que no sabía de dónde venía, llegó a la cueva de Branu.

Cuando lo vio, en vez de temerlo, se sentó frente a él y le dijo: “¿Por qué estás solo?”.

Branu, sorprendido, le mostró el amuleto.
Al tocarlo, Xela escuchó voces antiguas, juegos de niños del pasado y leyendas que su abuela le contaba cuando era pequeña.

Pensó: Branu no es un monstruo, sino un guardián de la memoria.
Desde entonces, cada luna llena, Xela regresa con nuevas historias, y Branu añade sus ecos al amuleto.
Y dicen que, si alguna noche escuchas un silbido entre las hayas de Peña Mayor, puede que Branu te esté contando una historia que aún no ha sido escrita.
El Busgosu
En Asturias, un busgosu es un ser que habita en los bosques, y es mitad hombre y mitad carnero (también denominado mitad bosque).
Su cuerpo está cubierto de musgo y tiene cuernos y pezuñas.
Es el protector de los seres del bosque, de la flora y la fauna, ayuda a los que se pierden en él y odia especialmente a cazadores y leñadores.
Representa la profunda conexión con la naturaleza y la importancia de su protección.

Relato5 Donde respira el bosque
En lo más profundo de la frondosa selva de Muniellos, entre robles centenarios y musgos que guardan secretos de muchos siglos, vivía Ruxu.
Era Ruxu un busgosu asturiano de rostro amable y barba hecha de líquenes, mitad hombre, mitad bosque, y era el protector silencioso de todo lo que crecía y respiraba allí.
Aunque nadie lo sabía, los animales lo reconocían como su guardián.

Curaba ciervos heridos con hojas encantadas, guiaba mariposas extraviadas con soplos de brisa, y tejía refugios para lirones bajo los helechos.
Su hogar era una cueva en un claro que se abría cada solsticio y se cerraba con la primera neblina del otoño.
Un día, llegó Alba, una joven botánica, con cuaderno en mano, buscando plantas que solo crecían donde el bosque aún conserva su magia.

Cuando se adentró más allá del sendero marcado, tropezó y cayó entre unas raíces, perdiendo el conocimiento.
Al despertar, estaba arropada con musgo, y frente a ella, en silencio, Ruxu le ofrecía una rama con hojas plateadas.
No habló, pero al tocarlas, Alba vio cómo el bosque le recordaba su infancia: relatos de su madre, días de lluvia mirando al bosque, risas con barro en los pies.

Ruxu le indicó, con gestos suaves, qué plantas curaban, cuáles cantaban al anochecer, y de cuáles debía protegerse.
Alba dejó su cuaderno, su móvil, todo lo humano… y se quedó un tiempo viviendo en el bosque y aprendió a escuchar sus sonidos y entender su lenguaje.

Cuando volvió al mundo, construyó un jardín escondido que crece sin cemento ni podas, con carteles que dicen “Respira como Ruxu”.
Algunos creen que son solo metáforas, pero otros juran que, si cierras los ojos junto a un roble en otoño, puedes sentir cómo alguien te cuida desde dentro del bosque.
En resumidas cuentas
En resumidas cuentas, he intentado acercarte parte de nuestra mitología asturiana, dándole forma con historias que, obviamente, nada tienen que ver con la realidad.
Pero no obstante, si las lees detenidamente, verás que podrían ser parte de la vida misma de las personas, de sus cualidades, de sus deseos, de la belleza de las cosas…
Y en todas ellas, percibirás bondad, ternura, sencillez y cierto grado de estilo… como si disfrutaras de la vida misma.
Para la realización de este artículo he utilizado IA, tanto para las imágenes como para el texto, dándole no obstante «mi tono» personal.
Espero que te guste…
Otros enlaces de interés
Mitología asturiana y fantasía celta, davidtebras.com
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