Los vaqueiros de alzada fueron un grupo social peculiar y profundamente arraigado en el paisaje humano del occidente asturiano.
Durante siglos, estos pastores trashumantes protagonizaron una forma de vida marcada por el desplazamiento estacional entre las brañas altas, donde pasaban el verano, y los valles más templados, donde pasaban el invierno.
El término «alzada» hace referencia precisamente al hecho de “alzarse” o «levantar su casa» y subir con el ganado hacia las montañas en los meses cálidos.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
En la década de los 90 del siglo pasado trabajé en el municipio asturiano de Valdés, cuya capital es Luarca.
Era en una zona interior del concejo, en la que frecuentemente trataba con personas descendientes de vaqueiros.
Pude observar en muchos de ellos el orgullo de ser vaqueiro… y también como otros se desmarcaban de esos orígenes.
Recuerdo un amigo que me explicaba que su apellido Gallo, nada tenía que ver con el apellido Gayo de origen vaqueiro…
Otros apellidos como Ardura, Boto, Cano, Feito o Parrondo, por citar alguno, abundaban en la zona y tienen un claro origen vaqueiro.
Y municipios como Valdés, Cudillero, Allande, Tineo, Cangas de Narcea, Somiedo o Salas fueron escenarios habituales del sentir de la cultura vaqueira.

Desde Luarca y Cudillero en la costa hasta las comarcas de Laciana y Babia en Leon
Indice del Artículo
¿Quiénes eran los vaqueiros de alzada?
Dicen que en realidad fue Jovellanos, el ilustrado gijonés, quien denominó a los habitantes de la brañas vaqueiros, ya que vivían básicamente de su ganado vacuno.
Una comunidad trashumante con identidad propia
A diferencia de los campesinos sedentarios, conocidos como «xaldos», los vaqueiros conformaban una cultura nómada basada en la ganadería bovina.
Este estilo de vida exigía resistencia, conocimiento del entorno y una organización familiar que giraba en torno a los ciclos naturales del clima.
Por ello, sus costumbres y creencias eran profundamente ligadas a la tierra, al clima y, sobre todo, al ganado.


La trashumancia que practicaban no era de larga distancia como la de los pastores castellanos con la Mesta, sino más bien una trashumancia vertical.
Consistía en desplazarse entre altitudes para aprovechar los pastos de los distintos ecosistemas del territorio asturiano.

Aislamiento social y rechazo
Lo más llamativo del fenómeno vaqueiro no es únicamente su forma de vida, sino también el trato que recibieron por parte del resto de la sociedad asturiana.
Fueron objeto de fuertes prejuicios, marginación y estigmatización.
Se les consideraba diferentes por su estilo de vida, su habla peculiar, sus costumbres, e incluso por cuestiones como la alimentación o la música que practicaban.

Durante siglos, el matrimonio entre vaqueiros y xaldos estuvo mal visto, y hasta las iglesias se dividían en dos zonas, una para “los de fuera” o vaqueiros y otro para los sedentarios o xaldos.

Sin embargo, pese al desprecio social, los vaqueiros mantuvieron con orgullo su identidad diferenciada.
Un símbolo de resistencia cultural
Hoy en día, los vaqueiros de alzada son vistos como un símbolo de resistencia cultural y de arraigo a sus tradiciones.
Su historia no solo testimonia una forma de vida alternativa y adaptada al entorno, sino también una lucha continua por mantener su dignidad frente a la incomprensión y el rechazo.
Representan, en esencia, ese espíritu asturiano que sabe sobrevivir con autenticidad en condiciones difíciles.

En la imagen mural explicativo de las danzas y bailes, así como los pasos típicos y su significado, que puedes ver en el Museo Vaqueiro de Asturias en Naraval en Tineo
Orígenes históricos de los vaqueiros de alzada
La historia de los vaqueiros de alzada está íntimamente ligada al paisaje agreste de la cordillera Cantábrica.
También a la necesidad de adaptar la vida rural a un entorno montañoso donde las estaciones marcaban el ritmo de la subsistencia.

Aunque sus orígenes no están documentados con precisión, diversas fuentes históricas, tradiciones orales y estudios etnográficos permiten reconstruir su evolución desde la Edad Media.

Hay una teoría infundada al respecto de su origen, según la cual los vaqueiros son hijos de los invasores vikingos, y de ahí el rechazo y el estatus más bajo en la sociedad.
Nunca se ha podido demostrar tal extremo y no hay dato alguno que secunde esta hipótesis.
Primeras menciones documentadas
Las referencias más tempranas a comunidades trashumantes en Asturias aparecen en documentos bajomedievales, principalmente desde los siglos XIII y XIV.
Estas menciones describen rutas, derechos de pasto y conflictos entre aldeanos sedentarios y grupos trashumantes, donde los vaqueiros ya se perfilan como una comunidad diferenciada.

En escrituras parroquiales, censos y pleitos por uso de tierras, se empieza a distinguir a “los de alzada” como personas que ocupaban las brañas durante el verano.
Las brañas eran tierras de pastoreo en zonas elevadas, muchas veces comunales, donde los vaqueiros instalaban sus viviendas temporales llamadas teitos, hechas con piedra y cubiertas de escoba o paja.

Contexto medieval: pastoreo, trashumancia y el alzamiento estacional
Durante la Edad Media, la economía asturiana se basaba en la agricultura de subsistencia y la ganadería, especialmente vacuna.
En este marco, los vaqueiros desarrollaron un modelo trashumante que les permitía aprovechar los diferentes ecosistemas según la estación.

En invierno descendían a los valles bajos, donde el clima era más benigno y en primavera comenzaban “la alzada” hacia los pastos altos y las brañas.
Una braña, como ya dije, en Asturias, es un tipo de pastizal de montaña utilizado para el pastoreo del ganado durante primavera y verano.

Este sistema requería organización familiar, planificación y una cultura profundamente adaptada a las condiciones naturales y para ello se construían en las brañas cabañas, como los «teitos» de Somiedo.

La trashumancia vertical permitía mantener rebaños sanos y productivos sin agotar los recursos de una sola zona.
Diferencias con otros grupos rurales asturianos
Desde el principio, los vaqueiros fueron vistos como “los otros” dentro del mosaico social asturiano.
Su movilidad, sus costumbres propias y su aparente aislamiento crearon una separación cultural respecto a los xaldos, campesinos sedentarios que vivían en aldeas fijas y cultivaban la tierra de forma más intensiva.
Estas diferencias no solo se percibían en el estilo de vida, también en aspectos como la lengua (se decía que los vaqueiros hablaban un bable más arcaico o con influencias leonesas), el vestir, las celebraciones e incluso en el uso litúrgico del espacio parroquial.

Como ves en la imagen su forma de vestir se asemeja en cierta manera a la de un «bandolero»
Algunos estudios han propuesto que los vaqueiros podrían descender de grupos bereberes llegados con la invasión musulmana.
Habrían sido posteriormente acogidos en zonas montañosas, aunque estas teorías son más especulativas que confirmadas, al igual que la de los vikingos.
Con esto trazamos las raíces históricas de una comunidad que desde sus primeros siglos mostró una identidad singular y resistente.
Forma de vida de los vaqueiros de alzada
El modo de vida de los vaqueiros de alzada estaba intrínsecamente ligado a su entorno natural y al ritmo de las estaciones.
En el corazón de su economía se encontraba la ganadería bovina, que no solo les daba alimento, sino también identidad, movilidad y una fuente de comercio.

Trashumancia: rutas y temporadas
Los vaqueiros practicaban una trashumancia vertical, desplazándose desde los valles invernales hacia las brañas montañosas en primavera.

Estos recorridos, aunque relativamente cortos en distancia, implicaban un cambio total en la organización familiar y en la infraestructura.
En invierno vivían en aldeas más templadas, con acceso a mercados y espacios parroquiales.
En verano subían a las brañas, donde pastaba el ganado y construían sus teitos, refugios tradicionales de piedra y cubierta vegetal.

El traslado se hacía en grupo familiar, con mujeres, niños y animales.
Durante siglos, este movimiento estacional moldeó la arquitectura rural asturiana, los caminos de herradura, e incluso el paisaje.

Muchos prados altos fueron habilitados y mantenidos por generaciones de vaqueiros.
Ganadería y comercio
La economía vaqueira giraba principalmente en torno a la cría de vacuno, aunque también se criaban cerdos, cabras, ovejas y gallinas para consumo propio.


Poseían además caballos y mulas que usaban en sus desplazamientos.

Las vacas eran la base del sustento y leche y derivados como manteca, cuajada y queso, carne y cuero eran fuentes de ingresos e intercambio, además de tracción para el transporte y la labranza.

Muchos vaqueiros acudían a ferias de ganado, como las de Tineo o Cangas del Narcea, donde vendían o intercambiaban reses.
También desarrollaron rutas comerciales con zonas costeras o urbanas, a pesar de que muchas veces eran mal vistos por los comerciantes sedentarios.
Organización familiar y roles sociales
Las familias vaqueiras constituían unidades de trabajo y subsistencia.
Vivían en condiciones duras, sin lujos, pero con una fuerte cohesión interna.
El hogar se trasladaba en bloque, y cada miembro cumplía su rol.
Los hombres cuidaban del ganado, construían refugios y llevaban a cabo las negociaciones comerciales e intercambios.

Las mujeres se encargaban de las tareas domésticas, elaboración de productos, y la educación de los hijos.
Los niños, desde muy temprano, participaban en las labores, aprendiendo el oficio vaqueiro.
La figura del patriarca era habitual, pero el respeto por la sabiduría femenina también estaba presente en decisiones comunitarias.

En muchos casos, las mujeres vaqueiras preservaron el saber oral, la música y las costumbres.


El estilo de vida vaqueiro era duro, adaptado a la montaña y a una economía de subsistencia, pero también era rico en comunidad, sabiduría natural y una conexión profunda con los ritmos de la tierra.
Costumbres y cultura popular de los vaqueiros de alzada
La cultura vaqueira se desarrolló en paralelo a su forma de vida trashumante y a su entorno natural.
Alejados del influjo urbano y de las corrientes culturales dominantes, los vaqueiros forjaron tradiciones que aún hoy resuenan en la memoria colectiva de Asturias.

Esta cultura incluía música, danzas, vestimenta, celebraciones y prácticas culinarias propias.
Vestimenta tradicional
La indumentaria vaqueira tenía rasgos distintivos que los separaban claramente de los xaldos y otros grupos rurales.
Los hombres vestían con pantalones de lienzo, chaquetas amplias, faja y sombrero de ala ancha y en la braña, añadían capas de lana para protegerse del frío.

Las mujeres usaban sayas largas, pañuelos de cabeza y delantales bordados y los colores, aunque no siempre, solían ser oscuros por pragmatismo y por tradición.

Se decía que la ropa vaqueira tenía un aire más tosco y práctico, aunque con detalles bordados que revelaban la artesanía local y el orgullo estético.

Música, danzas y celebraciones
Uno de los elementos más vivos de la cultura vaqueira era su música tradicional.
Era transmitida oralmente e incluía:
- Romances y cantares narrativos de la vida en la braña, el amor imposible entre vaqueiros y xaldos, o hazañas del mundo rural.
- Gaita asturiana y pandereta, que eran los instrumentos predominantes en fiestas vaqueiras.
- Danzas como la danza prima o bailes de pareja, con giros rápidos y pisadas fuertes, a menudo en celebraciones religiosas o bodas.


La Boda Vaqueira, que hoy se celebra en Aristébano, en el concejo de Valdés, cada verano, es una reconstrucción folclórica de estas ceremonias.
En ella, el pueblo rememora el rechazo social que sufrían los matrimonios mixtos entre vaqueiros y sedentarios.

Cocina y alimentación
La dieta vaqueira se basaba en productos del ganado y en lo que ofrecía la montaña:
- Manteca, leche y queso eran productos básicos diarios.
- Garbanzos, patatas y berzas eran productos cultivados o de intercambio.
- Carne de vaca, cerdo o cabra, era consumida en ocasiones especiales.
- Postres caseros, como las frixuelos, las natillas, o los bizcochos de manteca.



La comida era sencilla pero nutritiva, adaptada al clima y al esfuerzo físico del pastoreo.

Las recetas pasaban de generación en generación y muchas aún se preparan en casas vaqueiras.

Esta vida cultural no solo les dio cohesión como comunidad, sino que se convirtió en símbolo de resistencia y reafirmación frente a una sociedad que los marginaba.
Lo vaqueiro no era solo una forma de vida, era una forma de ver y estar en el mundo.
La identidad vaqueira y el rechazo social
Pocos grupos en la historia de la España rural han sido tan singularmente marginados como los vaqueiros de alzada.
Su forma de vida nómada, sus costumbres diferenciadas y su aislamiento físico y simbólico los convirtieron en objeto de prejuicios persistentes.

Sin embargo, lejos de diluirse, los vaqueiros forjaron una identidad combativa y orgullosa que resistió el paso del tiempo.
Autonomía y orgullo colectivo
La identidad vaqueira se construyó en la montaña, entre pastos altos, caminos tortuosos y aldeas semiabandonadas.
Esta geografía difícil afianzó su autosuficiencia:
- Vivían en comunidades cerradas, con fuerte sentido de pertenencia.
- Mantenían costumbres, música, cocina y ritos propios, ajenos al influjo urbano.
- Practicaban formas de solidaridad rural, como la ayuda en el traslado entre estaciones.

Su orgullo vaqueiro estaba íntimamente ligado a su oficio de pastores.
Se consideraban custodios de la montaña, conocedores de ciclos naturales, y guardianes de tradiciones ancestrales.
No era raro escuchar en cantares vaqueiros frases como «somos de alzada, libres como el viento que barre la braña».
Rechazo y prejuicios históricos
Desde la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XX, los vaqueiros fueron estigmatizados como inferiores, incultos o incluso moralmente sospechosos.

Los xaldos o campesinos sedentarios, solían verlos como intrusos en la parroquia y como forasteros en su propia tierra.

Las formas que tomó esta discriminación fueron numerosas:
- Matrimonios prohibidos ya que se impedía o maldecía la unión entre vaqueiros y xaldos.
- Iglesias divididas ya que algunos templos colocaban a los vaqueiros en bancos separados, o incluso les negaban el entierro en el cementerio común.
- Educación negada ya que en muchas zonas, los niños vaqueiros no eran aceptados en escuelas junto a los sedentarios.
- Mitos despectivos ya que se decía que “no sabían rezar”, “no sabían leer” o que “vivían como animales.”

Estos prejuicios fueron sostenidos por la tradición oral, por ciertos documentos parroquiales e incluso por costumbres legales no escritas.
La barrera del matrimonio con los xaldos
Uno de los símbolos más notorios de la marginación vaqueira fue el tabú del matrimonio mixto.
Durante siglos, fue socialmente condenable que un vaqueiro se casara con una persona de pueblo sedentario.
A menudo se hacían ceremonias aparte, y en muchos casos se les expulsaba de ambos mundos por romper la norma.

Piensa que para la iglesia esa «libertad vaqueira» simbolizaba algo demoníaco, que se escapaba a su control
Este rechazo se convirtió en una narrativa recurrente en canciones, leyendas y romances vaqueiros.
El amor prohibido entre un joven vaqueiro y una muchacha del valle es uno de los relatos más repetidos en la memoria oral asturiana.
A través de estos mitos, los vaqueiros elaboraron su resistencia, no desde la confrontación directa, sino desde la firmeza de lo propio.
Mantuvieron sus rituales, sus formas de expresarse, y su visión del mundo.
Esto es una muestra de que la historia de los vaqueiros no es solamente una historia de pobreza rural, sino una profunda crónica de dignidad y resistencia cultural.

Ese espíritu evolucionaría con los cambios sociales de los siglos XVIII y XIX.
La evolución histórica: del Antiguo Régimen a la modernidad
Los siglos XVIII y XIX marcaron una transición decisiva en la historia rural asturiana.
Mientras España intentaba modernizarse tras siglos de estructura feudal, los vaqueiros se vieron inmersos en nuevas dinámicas socioeconómicas que, modificaron aunque no borraron, sus costumbres trashumantes.
Reformas agrarias y presión institucional
Durante el siglo XVIII, con el reinado de los Borbones y el impulso ilustrado, comenzaron reformas que afectaron los sistemas comunales de propiedad.
Las tierras de uso colectivo, como muchas brañas vaqueiras, fueron objeto de:
- Desamortizaciones o procesos de privatización que pusieron en manos particulares terrenos antes pertenecientes a municipios o la Iglesia.
- Regularización fiscal, los vaqueiros empezaron a ser integrados en censos, obligados a pagar tributos y a respetar nuevos límites legales de movilidad.
Estos cambios chocaban con su modelo nómada, basado en la ocupación estacional y en derechos tradicionales.
Tan solo mencionar el ejemplo del «trato de ganado» en donde la palabra del tratante tenía tanto valor como cualquier escrito por poner un ejemplo de derecho tradicional.

Muchos vaqueiros perdieron acceso a brañas que usaban desde generaciones, y debieron adaptarse a un mundo regulado, desde oficinas a notarios.
Influencias de la industrialización y el ferrocarril
Con el siglo XIX llegó la revolución industrial y fábricas, minería y ferrocarriles se expandieron por Asturias.
Para los vaqueiros, esto tuvo consecuencias mixtas:
- Apertura de mercados, podían transportar ganado o productos lácteos más lejos y más rápido.
- Desplazamiento territorial, muchas vías férreas atravesaron antiguas rutas trashumantes, cambiando paisajes y dificultando trayectos.
- Atracción laboral, algunos jóvenes vaqueiros dejaron el pastoreo para trabajar en minas, fábricas o talleres urbanos.
Aunque esto supuso nuevas oportunidades, también implicó una pérdida paulatina de la cultura tradicional.

Las canciones, los oficios y el estilo de vida vaqueiro quedaron como recuerdos más que como realidades cotidianas.
El cambio generacional y el inicio del declive
En la segunda mitad del siglo XIX, el estilo de vida vaqueiro comenzó a languidecer.
Entre las causas más significativas:
- Desinterés juvenil ya que las nuevas generaciones, atraídas por la vida urbana o escolarizada, abandonaban la trashumancia.
- Presión social, el estigma persistente contra los vaqueiros hacía que muchos ocultaran su identidad para “encajar” en la sociedad.
- Transformación agraria, ya que el aumento del cultivo intensivo en valles antes usados por vaqueiros dificultó su retorno invernal.
Aunque la trashumancia siguió existiendo en zonas como Tineo, Valdés o Cangas del Narcea, ya no era el sistema dominante.
Quedaban pocas familias vaqueiras, cada vez más integradas en la vida sedentaria y cada vez más lejos de las brañas.

Este aspecto retrata una encrucijada, la de un pueblo que, ante la modernidad, debió hacer ajustes entre conservar su esencia y adaptarse a un mundo que cambiaba a gran velocidad.

En la imagen réplica de vivienda clásica vaqueira en el Museo Vaqueiro de Naraval
Pero como veremos, los vaqueiros no desaparecieron del todo… sino que renacieron en la memoria colectiva.
Vaqueiros en el siglo XXI: memoria, folclore y reivindicación de identidad
Aunque la trashumancia tradicional vaqueira ha casi desaparecido como práctica económica, su huella persiste, y se ha intensificado como legado cultural.
En el siglo XXI, los vaqueiros no solo son recordados con respeto, sino que se han convertido en símbolo de resistencia, autenticidad y arraigo asturiano.

Preservación de la memoria colectiva
Numerosos esfuerzos han surgido para documentar, estudiar y transmitir la historia de los vaqueiros.
Entre ellos destacan:
- Publicaciones históricas y etnográficas: libros, estudios académicos y artículos que exploran sus costumbres, lenguaje y discriminación sufrida.
- Testimonios orales: recopilación de relatos de ancianos vaqueiros, preservando la sabiduría popular.
- Documentales y programas de televisión: narran sus vidas en las brañas, sus celebraciones y su relación con el entorno natural.

Estos archivos han sido fundamentales para reconstruir con rigor la imagen vaqueira, apartándola de los estereotipos que durante siglos la deformaron.
Fiestas vaqueiras y el folclore rescatado
Hoy en día, varias localidades asturianas celebran fiestas y romerías vaqueiras que mezclan homenaje, folclore y enseñanza histórica.
Las más destacadas son:
- La Boda Vaqueira de Aristébano: se celebra cada julio, con ceremonias tradicionales que rememoran las bodas entre vaqueiros, incluyendo música, danzas, trajes típicos y gastronomía.
- Romerías en brañas: como en Brañaseca, Busmarzo o Demués, donde se reúnen vecinos y visitantes para honrar la cultura vaqueira.
- El Mercado Vaqueiro de San Martín de Luiña, que se celebra el primer fin de semana de Agosto.

Estas y otras fiestas sirven no solo para conservar la memoria, sino para transmitirla a las nuevas generaciones de forma lúdica y emotiva.
Museos, asociaciones y activismo cultural
La institucionalización de la identidad vaqueira ha cobrado impulso en las últimas décadas:
- Museos etnográficos como el de Naraval (Tineo), con colecciones sobre vida pastoril, herramientas, música y relatos de vida.
- Asociaciones culturales como la Asociación de Vaqueiros de Alzada, que organizan charlas, exposiciones y rutas históricas.
- Reivindicación en medios, articulistas, periodistas y escritores recuperan la memoria vaqueira en prensa regional, redes sociales y espacios educativos.


Todo ello ha contribuido a una revalorización activa de lo vaqueiro, que ya no se ve como una etapa superada, sino como una raíz que sigue viva.
Recuperación de la identidad
Quizás lo más emocionante es ver cómo descendientes vaqueiros, antes silenciados por el estigma, hoy afirman con orgullo su origen.

El vaqueirismo ha pasado:
- De ser ocultado, a ser exhibido como valor patrimonial.
- De ser símbolo de atraso, a representar resistencia cultural.
- De habitar la montaña, a habitar la memoria colectiva.
Para muchos asturianos, redescubrir sus raíces vaqueiras significa reencontrarse con un pasado auténtico, libre y rebelde.


Es una forma de decir: «venimos de gente que vivió de pie, aunque se les quiso de rodillas».
Este artículo revela que la historia de los vaqueiros no ha terminado, tan solo ha tomado nuevas formas, nuevas voces y nuevas celebraciones.
El valor de los vaqueiros para la cultura asturiana
Incluyo una reflexión final sobre el legado duradero de los vaqueiros a nuestra cultura e identidad.
Los vaqueiros de alzada fueron mucho más que pastores trashumantes, fueron custodios de una manera de vivir arraigada al paisaje, la tradición y la resistencia.


Su historia, tejida entre brañas y valles, entre rechazo y orgullo, representa una voz única dentro del mosaico cultural de Asturias.
Un modo de vida en armonía con la naturaleza
La relación de los vaqueiros con la tierra y las estaciones es una muestra de adaptación ecológica y sabiduría tradicional.
En un tiempo en que se habla cada vez más de sostenibilidad y de volver a lo rural, su modelo nómada, su respeto por los ciclos naturales y su economía de subsistencia cobran nueva relevancia.

Los vaqueiros vivieron con lo que les daba el entorno, sin explotarlo ni exprimirlo y su forma de vida era discreta, prudente y profundamente respetuosa.
Una historia de resistencia cultural
A lo largo de siglos, esta comunidad supo resistir al prejuicio, al olvido y a la marginación.
En lugar de disolverse, transformó el rechazo en símbolo, la diferencia en orgullo y la exclusión en narrativa.




Su música, sus romances, sus danzas y hasta sus silencios hablaban de dignidad.
Fueron excluidos de los altares, de los censos, de los matrimonios mixtos… pero nunca de la historia.
Hoy, esa exclusión se convierte en testimonio de una cultura capaz de sobrevivir en los márgenes y de renacer en la memoria.
Un legado que aún respira
En la Asturias de hoy, los vaqueiros de alzada son parte fundamental del imaginario colectivo:
- En las fiestas que recuerdan sus bodas y sus cantares.
- En los museos que recogen su forma de vida.
- En los descendientes que reivindican con orgullo su origen.
Su figura se ha transformado en emblema de autenticidad, en contra del olvido.

Son símbolo de cómo las culturas pequeñas, marginadas o despreciadas pueden iluminar grandes verdades sobre la identidad, la diversidad y la resistencia.
Y me atrevería a decir que lo vaqueiro representa hoy esa auténtica libertad de una época en que no había controles exhaustivos del poder político, económico o digital.
En resumidas cuentas
Los vaqueiros nos enseñan que no hay cultura menor, que las formas de vida distintas no son defectos, sino alternativas.
Nos recuerdan que la historia no siempre la escriben los poderosos y que, a veces, se transmite en susurros entre montañas, en canciones alrededor del fuego, en las huellas del ganado sobre el barro de la braña…
Rescatar su memoria no es solo un acto académico, es una forma de entender que toda cultura merece ser contada con respeto, y que el pasado puede servirnos de guía para construir un presente más justo, más diverso y más consciente.
Espero que este artículo sobre los vaqueiros te haya introducido en una de nuestras culturas más apartada y olvidada.
Para la elaboración de este artículo he utilizado IA, no obstante le he dado forma al mismo usando «mi tono» habitual.
Todas las imágenes del artículo son propias.
Espero tus comentarios…
Otros enlaces de interés
Museo Vaqueiro de Asturias, turismo.es
Las rutas vaqueiras, asturias.com
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