Luarca cuatro crónicas de un pueblo, no habla del pueblo costero del occidente de Asturias, muy conocido por su bonito puerto pesquero, por su espectacular cementerio y por las reseñas turísticas que lo ponderan.
Este artículo no va de eso (que también), hoy cuento 4 historias que «sucedieron» en Luarca y sus alrededores y que han dejado su impronta en la memoria colectiva de los vecinos de la «villa blanca».
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Viví en Luarca alrededor de 8 años, desde los 24 hasta los 32 aproximadamente, y puedo asegurarte que de estas… llamémoslas crónicas que os voy a contar no oí nada en absoluto.
También es cierto que con esa edad lo que menos te preocupa son las historias del lugar…
Pero desde la distancia de los años, surgen los recuerdos y el interés por las cosas y los rincones en los que has «consumido» parte de tu vida.
Es por ello que surgió este artículo…
Indice del Artículo
Luarca cuatro crónicas de un pueblo, crónica 1: la virgen blanca y la vampiresa
La Guaxa o vampiresa
Pocos seres mitológicos hay en Asturias más sanguinarios, crueles y despiadados que «la Guaxa».
La Guaxa es una vampiresa que generalmente resulta invisible.
Pero las pocas personas que la han visto, hablan de ella como una horrible vieja, delgada, con grandes orejas y casi seca en vida.

También suele tomar aspecto de enorme lechuza blanca ya que actúa sobre todo por la noche.

Es un espíritu diabólico, definido como alma impuro expulsado del infierno.
Y por ello está a punto de extinguirse para siempre, hecho este por el cual actúa con tanta maldad.
Se alimenta de seres humanos en especial de niños, a los que chupa su sangre y devora lentamente, aunque en ocasiones también los adultos son sus víctimas.

La virgen blanca

En la zona alta de Luarca, en un lugar denominado «la Atalaya», se encuentra el cementerio de Luarca, conocido por su fantástica vista sobre el mar.


Y justo al lado del cementerio puedes ver la ermita de la virgen blanca, conocida cariñosamente en Luarca como «la blanca».



Cuenta la leyenda que la mar «escupió» literalmente hablando, la imagen de la virgen blanca, depositándola en una cueva en el acantilado de la atalaya.

La crónica
Y transcurría el siglo XVII, cuando Luarca era un pequeño puerto pesquero, ballenero y de comercio.
Y empezaron a desaparecer niños y adultos sin que nadie supiera la razón.
En una de las misas en la ermita de la blanca, la imagen de la virgen tomó vida y habló a los feligreses.
Explicó que la causa de las desapariciones era una guaxa.

Aclaró que dicha vampiresa había sido expulsada del infierno y que se había refugiado en la cueva de la blanca en el acantilado de la Atalaya.
Exactamente en el mismo lugar en donde la propia virgen había aparecido siglos antes.
Se ofreció para acompañarlos hasta la cueva y dar fin al malvado espíritu y terminar así con las desapariciones y muertes de los habitantes de la villa.
Y fue así como los habitantes de Luarca llevaron a la virgen en procesión hasta la cueva en el acantilado.


Al entrar allí pudieron observar el grado de maldad de la guaxa.
Cuerpos mutilados y en descomposición, cráneos y restos de otros cuerpos esparcidos por el suelo y colgados del techo.
Y la vampiresa, sintiéndose descubierta, vio la imagen de la virgen y comenzó a consumirse a la vez que profería gritos y silbidos sobrenaturales dejando constancia de su odio contra la humanidad.
Así fue como la población se libró de la vampiresa, gracias a la virgen blanca.
La imagen de la blanca es muy venerada en la villa blanca de Luarca.
Todos los años se celebran unas fiestas en su honor entre el 7 y el 10 de septiembre.

Luarca cuatro crónicas de un pueblo, crónica 2: el puente del beso y el pirata Cambaral
Poniéndonos en situación
Situémonos ahora en la edad media, cuando Luarca era una pequeña población que vivía básicamente del mar.
En ciertas zonas de Asturias, el cangrejo es llamado cámbaro.
Esto fue lo que dio nombre al barrio del Cambaral (lugar abundante en cangrejos) en Luarca.

Y en esa época, Luarca tenía una zona alta llamada la Atalaya y otra zona media y baja llamada el Cambaral, que atravesada por un río (Negro) terminaba en el puerto de pescadores.



En la Atalaya, había una fortaleza cuyo señor manejaba los hilos de lo que sucedía en la población, y que tenía una hermosa hija doncella.

Y se dice que en esa época era propio que por el mar entrara el peligro, y hablamos de piratas berberiscos procedentes del norte de África.
Había uno en concreto considerado como el más cruel y sanguinario.
Tras realizar sus incursiones en la villa blanca de Luarca, masacraba a la población y robaba los bienes de sus víctimas.
Se referían a él como el pirata Cambaral, ya que siempre actuaba en la zona baja cercana al puerto, amén de que su nombre en moro no debía ser fácil de pronunciar para los cristianos.

Y el señor de la Atalaya ideó una estratagema para atrapar al pirata Cambaral.
La misma fructificó y terminó con su tripulación muerta y el pirata en las mazmorras de la fortaleza de la Atalaya.
Y sucedió lo inevitable
El pirata sufrió tremendas heridas, pero véase que la hermosa doncella hija del señor de la Atalaya con su buen corazón, se sintió atraída por el «chico malo».
Sin que su padre lo supiera, todos los días se acercaba a la fría mazmorra del pirata y curaba sus heridas, surgiendo entre ellos una relación de amor.

Y esta relación terminó con la fuga del pirata y la doncella.
Escaparon de la fortaleza huyendo hacia la zona baja, al puerto en busca de un barco para irse de la población.

Hay dios que su padre se enteró de la fuga (ya sabéis que siempre hay algún chotas), y cegado por la ira, comandó a sus tropas en busca de los fugados.
Y dieron con ellos al lado del río, en la zona baja del barrio del Cambaral.
Y la pareja viéndose atrapada se fundió en un beso a la vez que el señor, preso de ira, cercenaba con su espada y de un solo tajo, la cabeza de ambos.

Y dicen que ambas cabezas cayeron al río unidas por el beso y así prosiguieron mientras la corriente las arrastraba hacia el mar, donde nunca fueron encontradas.
Este acontecimiento llamó tanto la atención en la villa de Luarca que años después se levanto un puente que cruza el río Negro, justo en el lugar dónde fueron muertos los amantes, en su honor y recuerdo.
Es el llamado «puente del beso» que hoy puedes visitar en Luarca.




Luarca cuatro crónicas de un pueblo, crónica 3: el arca y el lobo
El arribo a puerto
Hablamos ahora de una época en que Luarca aun no tenía nombre (y si lo tenía no ha trascendido).
No era más que un pequeño puerto por el que el río basculaba su caudal al mar previo sus últimos meandros, como queriendo retrasar esa entrega.


Luarca no era más que el barrio del Cambaral, zona baja y media llena de vida y su zona alta, la Atalaya, desde donde los pudientes controlaban el asunto (nada distinto al mundo actual).
El puerto estaba lleno de actividad, sobre todo pesquera.
Especies «menudas» para venta y ballenas para otros muchos aprovechamientos.

Y aconteció por aquella época que arribó al puerto una gran nave, extraña, sin velas ni jarcias, algo que nunca antes había sido visto por esta zona.

El barco fondeó en la entrada del puerto y varios de sus tripulantes se acercaron a la orilla de uno de los muelles en una chalupa.
El arca
Eran personajes extraños, no se parecían a los habitantes de Luarca ni de los pueblos vecinos.
Pero no parecían presentar indicios de agresividad ni de pillaje, todo lo contrario, eran respetuosos y educados.
Hicieron saber que procedían de «tierra santa» y precisaban diálogo con el sacerdote de la plaza ya que eran portadores de un arca que debían entregar a un representante de la cristiandad.

El cura del pueblo hizo de anfitrión con los sarracenos y aceptó el arca en depósito, ya que el mismo debería hacerse seguir hacia la catedral de San Salvador de Oviedo.
Era un arca muy lujosa de maderas nobles y remachada con bellos metales dorados y piedras preciosas.
Tras desestibar el arca, los moros abandonaron el fondeadero y se fueron.
El cura del pueblo, aprovechó la coyuntura para seducir a los feligreses y a los «no tanto».
Tuvo el arca expuesto en la entrada de la iglesia unos días en espera de recibir instrucciones de Oviedo.

Los lobos
Pues fue que al cabo de unas horas de desembarcado el arca, una manada de lobos, habituales por aquel entonces por los montes de los alrededores, bajaron hasta la población.
Eran lobos muy grandes y fieros pero, sorprendentemente, no parecían presentar signos de agresividad o de buscar alimento.
De hecho, el que parecía dominar la manada, un macho negro y feroz se acerco al arca y flexionando sus patas delanteras hizo una reverencia como mostrando sumisión y veneración.

Nunca se supo mucho más sobre este suceso, el arca siguió camino hacia Oviedo, pero tampoco se sabe a ciencia cierta que fue de él.
Ni mucho menos se sabe qué contenía y si actualmente reposa en la catedral o no, ya sabes «con la iglesia hemos topado».

Sin embargo, a partir de entonces, la población adquirió el nombre de Lobo-arca, Llobu-arca, Lluarca y que terminaría dando origen al nombre de Luarca.
Luarca cuatro crónicas de un pueblo, crónica 4: el cementerio de los abandonados
Las órdenes
Mi amigo tendría hoy 104 años pero desafortunadamente falleció hace 5 a la edad de 99 años.
Y digo esto porque podría relatarnos de viva voz la crónica que a continuación os traslado en su nombre.
Y escribo esta crónica como homenaje a él.
Recuerdo que tenía 16 años recién cumplidos, y que por avatares de la vida prestaba servicio en un batallón que debía liberar a los sitiados en la ciudad de Oviedo.
Hablo de principios de octubre de 1936, a escasos meses de comenzada la odiosa guerra civil española.
Por mi corta edad no estaba en primera línea de fuego, donde soldados inexpertos eran mutilados por las bombas y disparos del enemigo.

Pero recuerdo, con la suficiente claridad como si fuera hoy, cuando el sargento me requirió para ayudar a un grupo de veteranos, muchos de ellos lisiados.
Las órdenes eran recoger los cadáveres de parte de un batallón de soldados moros muertos por el enemigo y cargarlos en 2 camiones para trasladarlos a su lugar de enterramiento.
Alguien nos dijo que los muertos pertenecían a un batallón procedente de la ciudad de Melilla.
Estaban diseminados en el entorno de una colina bunkerizada que había sido tomada por nuestras tropas en el avance hacia Oviedo.

Recuerdo que cuando llegamos, los cuerpos llevaban casi un día sin vida, retorcidos, ensangrentados y con expresiones de horror en sus caras.
Y estaban esparcidos por un campo de hierba alta en donde el recién llegado otoño mostraba su irónico lado bello produciendo las últimas flores, de tono anaranjado, que adornaban tan dantesco espectáculo.

Cargamos alrededor de 300 cuerpos en aquellos 2 camiones, como si fuera mercancía que se lleva a un vertedero para deshacerse de ella.
El viaje
Tardamos al menos 12 horas, desde el Escamplero en el municipio de Las Regueras, hasta llegar al pueblo de Barcia en las afueras de Luarca.
Nunca olvidaré las eternas cuestas del alto de la Cabruñana, ni las curvas inacabables bajando la Espina antes de llegar a Canero y contemplar el mar.

Los motores de aquellos 2 camiones traqueteaban como quejándose por aquella carga de muerte que transportaban.
Y llegamos a Barcia anocheciendo, montamos campamento y esperamos a la mañana siguiente para descargar los cadáveres de ambos camiones.

Los enterramientos
Con la claridad del día, pude observar bien el lugar donde iban a ser enterrados todos aquellos soldados moros muertos en batalla.
Era una especie de fortín rectangular que aun se encontraba en construcción.


Tenía muros retejados de unos 2 metros de altura, con una puerta de entrada con arco de estilo árabe y 4 garitas ciegas, una en cada esquina del recinto.







También había, al lado del recinto, una construcción recién empezada que pretendía asemejarse a una mezquita.



Todo ello estaba inacabado y metido contra el bosque a poca distancia de la carretera general.
Un oficial alfaquí moro dirigía las maniobras y daba las órdenes en todo momento, ya que se debía mantener la observancia de las costumbres moras y del Corán en los enterramientos.
Los cuerpos eran lavados y envueltos en un sudario después de ser desnudados por soldados moros, que controlaban en todo momento estas labores.
Como tumbas, simples fosas en el suelo, de 2 metros de largo por medio metro de ancho aproximadamente.





Eran tumbas anónimas y tenían como única referencia unas piedras de pizarra que orientaban la cabeza del fallecido hacia la Meca.


Al cabo de un día, abandonamos el lugar y volvimos al destino de mi unidad.
Fue la última vez que vi el cementerio moro de Barcia.
Y aunque he pasado después de terminada la guerra por la carretera en varias ocasiones siempre desvío la cabeza hacia otro lado para evitar la visión del mismo y sus recuerdos.
En la actualidad, el cementerio moro de Barcia está en situación de abandono, tanto por parte de las autoridades civiles españolas como por la autoridad competente de la ciudad de Melilla.
Únicamente los operarios del ayuntamiento y algunos vecinos, realizan de vez en cuando tareas de limpieza y desbroce de la zona.
Tan solo un panel indicador del cementerio y de su historia, y los trinos de los pájaros, además de algún visitante ocasional, acompañan la soledad de los enterramientos.

Y en mi humilde opinión creo que está abandonado porque el bando que perdió la guerra siempre odió a esos batallones moros que sembraron el terror con matanzas y violaciones masivas.
Respecto al bando ganador siempre utilizó a esos batallones moros como «carne de cañón» asignándoles las peores tareas de la guerra y permitiéndoles realizar las acciones execrables que cometieron con la población civil.
En resumidas cuentas
Como ya dije al principio, Luarca cuatro crónicas de un pueblo, solo pretende contar unas crónicas que se dice «sucedieron» en la villa blanca de la costa verde.
Espero que te hayan gustado.
Para la realización de Luarca cuatro crónicas de un pueblo, me he inspirado, entre otras documentaciones, en el libro de David Madrazo y de editorial Cydonia «50 lugares mágicos de Asturias».

Todas las imágenes de este artículo son propias excepto las recreaciones que han sido generadas con IA.
Otros enlaces de interés
La cueva blanca de Luarca, misterios y leyendas de Galicia y Asturias
La leyenda del puente del beso de Luarca, ser asturiano
El cementerio moro perdido en Luarca, El Mundo
El cementerio moro de Barcia, Asturias laica
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Vaya trabajazo. Mis felicitaciones Pepu.
Muchas gracias Jorge, la verdad es que, como dije en el grupo de whatsapp, me parece uno de mis mejores artículos. Me encanta que te haya gustado.