El parque Isabel la Católica, situado en el barrio de El Bibio, es uno de los espacios verdes más emblemáticos de Gijón.
Con sus más de 15 hectáreas de extensión, constituye no solo el pulmón verde urbano más tradicional de la ciudad, sino también un lugar cargado de historia, transformaciones sociales y significados culturales.
Este artículo busca recorrer su pasado, su presente y su proyección futura, ofreciendo una mirada amplia que combina datos históricos, descripción paisajística y reflexión sobre su papel en la identidad gijonesa.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
No voy a estructurar tu visita marcándote un recorrido ni llevándote de la mano.
Tan solo voy a proponerte que tú mismo descubras este lugar que, por ser habitual para el gijonés, suele pasar muy desapercibido y no se le da la importancia que, en mi opinión, se merece.
Indice del Artículo
Localización
El parque Isabel la Católica se encuentra en la zona este de la ciudad, limitando por su oeste, con la parte oriental de la playa de San Lorenzo y las avenidas que confluyen en ella.

Por su parte este, linda el parque con el estadio municipal de futbol «El Molinón», en el cual tienes un amplio aparcamiento.

Y por la parte norte linda íntegramente con el río Piles.
Si cruzas el río puedes visitar el Museo del Pueblo de Asturias, el recinto de la F.I.D.M.A. (feria de muestras), el pabellón de deportes y el parque Hermanos Castro, donde también hay dos amplios aparcamientos.

Y por la parte sur limita con una avenida que une el estadio de futbol con el barrio gijonés de «La Arena».
Es por ello que si accedes en coche a la ciudad de Gijón no tendrás problema para aparcar en el entorno del parque.
Te dejo la geolocalización del parque para que te orientes:
Un poco de historia
La marisma que se convirtió en parque
Antes de ser un espacio verde, el lugar que ahora ocupa el parque, era una charca insalubre y pantanosa.
La Llamarga del Molinón o charca del Piles, que así se llamaba, acumulaba aguas estancadas del río Piles, con mosquitos y fango que hacían del entorno un foco de suciedad y enfermedades.

Desde el siglo XIX hubo intentos de desecar estas marismas, como un proyecto que quiso convertirlas en finca agrícola e instalar una industria de conservas y harina.
Incluía un molino «el Molinón», que daría nombre a esta zona, aunque el proyecto pronto quedó abandonado.


La ciudad, que crecía hacia el este, necesitaba transformar este paisaje, y en los años 30 del siglo pasado se acometió el relleno con escorias y materiales de derribo.

En 1941 se inauguró el parque, diseñado por el arquitecto paisajista vasco Ramón Ortiz.
La operación fue más que urbanística, fue un gesto de modernidad, de higiene y de orgullo ciudadano.
Fue reflejo de la transformación de Gijón en el siglo XX, de una villa industrial y portuaria que buscaba modernizarse, a una ciudad que empezaba a valorar los espacios de esparcimiento y naturaleza.

El nombre y su carga simbólica
El parque fue bautizado como Isabel la Católica, en plena posguerra.
El régimen franquista buscaba referentes históricos que encajaran con su ideario, es decir unidad, tradición y catolicismo.



Así, el parque se convirtió en un homenaje urbano a la reina que patrocinó el viaje de Colón y consolidó la monarquía castellano-aragonesa.
El nombre, más allá de la política, acabó arraigando en la memoria de los gijoneses.
Hoy, pocos visitantes piensan en la reina castellana cuando pasean por él y el parque ha resignificado su identidad como espacio de convivencia y naturaleza.




El diseño: un jardín clásico
El parque Isabel la Católica responde al modelo de parque urbano del siglo XX con grandes paseos arbolados, pensados para el disfrute familiar.
Jardines


Por los paseos puedes disfrutar de enormes jardines y arriates de flores y arbustos con hermosos colores y deliciosas fragancias.






Estanque y aves en libertad
Tiene un lago central o estanque rodeado de densa y exuberante vegetación y dividido en 2 espacios que es asistido por un riachuelo que lo provee de agua limpia.



Es el estanque espejo de calma, donde nadan cisnes, patos y gansos, que conviven con otras aves salvajes migradoras como garzas, garcetas, cormoranes, golondrinas de mar o pato mandarín, como puedes ver en estas imágenes:












Incluso, si tienes suerte, puedes ver un halcón peregrino que ronda el parque en busca de caza y algún que otro martín pescador, lo que es indicador de pureza y limpieza de las aguas.

Árboles
Hay más de 65 especies vegetales, con árboles centenarios que ofrecen sombra y frescor y le dotan de una belleza natural sin igual en la ciudad.







Esculturas y arte
Por todo el parque hay esculturas y monumentos, que recuerdan su carácter histórico y artístico.






Aves en cautiverio
También, una serie de habitáculos cerrados o «pajareras» muestran un gran número de aves en cautiverio procedentes de todo el mundo, que hacen las delicias de los niños y no tan niños.







El diseño del parque buscaba belleza y orden, pero también pedagogía, mostrar la riqueza botánica y ornitológica, además de ofrecer un espacio de desahogo y contacto con la naturaleza.


El parque como escenario social
Desde su inauguración, el parque se convirtió en un espacio de encuentro para familias con niños que disfrutan jugando en las zonas infantiles.

Dentro del parque se ubican también las instalaciones del Parque Infantil de Tráfico.
En él, y con la mediación de colegios y otras instituciones, se permite a los niños pasear en bicicleta aprendiendo las normas básicas de circulación.


También es lugar de esparcimiento para parejas que pasean junto al lago o estudiantes que usan el parque como aula al aire libre en sus muchos bancos de madera o de piedra, sobre todo en verano.





En los últimos años el parque se ha rediseñado, eliminando el tráfico de la avenida que lo atravesaba, que ha quedado convertida en paseo peatonal dentro del recinto del parque.


Esto propició la ampliación del parque absorbiendo la zona del llamado «kilometrín» donde hay un pequeño circuito frecuentado por deportistas, extendiendo el parque hasta la orilla del río Piles.


El parque es un lugar donde la vida cotidiana se mezcla con la memoria.
Cada generación lo ha hecho suyo, los abuelos recuerdan los paseos de juventud y los concursos de pesca de muiles en el río Piles, los padres las meriendas del domingo escuchando el futbol por la radio, los niños las primeras carreras tras los patos…

Patrimonio cultural
El parque Isabel la Católica está declarado Bien de Interés Cultural y forma parte del Patrimonio Cultural de Asturias como jardín histórico.

Este reconocimiento subraya que no es solo un espacio verde, sino un testimonio de la evolución urbanística y social de Gijón.
Es, por tanto, un jardín que guarda la memoria de la ciudad.

El parque en las estaciones
Tema aparte es «el encanto» del parque Isabel la Católica, que cambia con el calendario y las estaciones.
Primavera
Durante la primavera hay una explosión de colores y aroma de las flores, en especial de los rosales, y de la vegetación que todo lo invade.
A ello hay que sumar el bullicio y los sonidos de las aves.






Verano
En el verano los altos árboles con su fronda verde proporcionan sombra fresca, y es habitual los bancos ocupados, y los niños jugando hasta el anochecer.



Otoño
Cuando llega el otoño las hojas amarillas, rojizas y marrones que caen de los árboles alfombran los paseos produciendo hermosos reflejos en el lago y dándole al parque una tonalidad de colores hermosos.





También las setas y los frutos que caen de los árboles dan vida al parque y a sus moradores en el otoño.



Invierno
En invierno, el parque adquiere un tono de silencio melancólico, con las ramas desnudas, y los cisnes parecen custodios del agua.





Como ves, cada estación ofrece una experiencia distinta, reforzando su carácter de espacio vivo y cambiante.
En mi opinión, en cualquier estación y de fauna hablando, tres son los denominadores comunes que todos los niños recuerdan de sus visitas al parque: cisnes, pavos reales y ardillas.

El parque y la identidad gijonesa
El parque Isabel la Católica es más que un jardín, es un símbolo de la transformación de Gijón.

Representa la superación de problemas de salud pública que producía la insalubridad de la charca pantanosa que era.
También la voluntad de dotar a la ciudad de espacios de ocio, conservando la memoria de una época en que los parques eran concebidos como escenarios de identidad nacional.

Hoy, resignificado, es un lugar de convivencia, naturaleza y cultura, un espacio que pertenece a todos.



Una mirada literaria
Los reflejos
Caminar por el parque Isabel la Católica es como entrar en un relato.

El lago refleja el cielo como una página en blanco que espera ser coloreada por la luz con tonos intensos.

Árboles y animales salvajes
Los árboles, muchos de ellos centenarios, son personajes que han visto pasar generaciones.

Cisnes y pavos reales, con su elegancia, parecen guardianes de un secreto.

Las ardillas, que juguetean con los niños que les ofrecen bellotas, castañas o pipas, son símbolo de acercamiento a una fauna que no sería accesible en otro lugar.

Las barcas que descansan al borde del lago evocan momentos de épocas pasadas en las que se podía navegar por él paseando el amor tal que una pareja de enamoradas anátidas…

Los paseos y la belleza
Los paseos invitan a la conversación lenta, al recuerdo compartido, al disfrute del entorno…


Así, el parque es como un libro abierto, donde cada visitante escribe su propia historia.

Englobando además la belleza de las cosas simples que puedes observar en el parque, como alguna bonita imagen que te muestro a continuación:




Algunos recuerdos de mi niñez
Durante décadas, los cisnes del estanque fueron casi una atracción turística y recuerdo la emoción de darles pan en mi mano.
Hoy en día se desaconseja esta práctica por motivos de salud animal (o eso dicen).

Y qué decir de los pavos reales que antaño se movían sueltos por el parque para deleite de todos los niños que jugábamos allí, (hoy están recluidos en cautiverio).

Recuerdo un concierto de un músico de prestigio que actuó en el estadio del Molinón y de sus camiones de transporte del material de sonido y de los pavos reales subidos en los techos de los mismos que, por algún motivo que desconozco, les llamaron la atención.

Y qué contar de aquellas madrugadas en las que, habiendo salido de una discoteca cercana y con unas copas de más, jugábamos al escondite en el parque hasta altas horas…

Como puedes ver, el parque Isabel la Católica es y ha sido refugio y lugar de disfrute para todas las generaciones.
En resumidas cuentas
Con más de ocho décadas de vida, el Parque Isabel la Católica sigue siendo un referente para Gijón.
Su lago, sus paseos y su vegetación forman parte del imaginario colectivo de la ciudad.

Visitarlo es recorrer no solo un espacio verde, sino también un capítulo de la historia urbana asturiana.
Es un lugar donde la memoria se hace paisaje, y donde la naturaleza se convierte en cultura.

Muchas cosas se me han quedado en el tintero al respecto del parque, pero resultaría imposible contarlas todas en este artículo.
Puedo asegurarte que, cada vez que voy al parque, observo algún aspecto nuevo y llamativo que se me había pasado desapercibido en anteriores visitas.
Te animo a realizar una visita a este magnífico parque gijonés.
Todas las imágenes de este artículo son propias.
Otros enlaces de interés
Parque Isabel la Católica, gijon.es
Algo más que un parque urbano, elvuelodelgrajo.com
Donde observar aves, coa.org.es
Otros de mis artículos que te pueden interesar:
Luanco, la perla del Cantábrico asturiano
El Jardín Botánico Atlántico, un paraíso dentro del paraíso natural
El otoño y sus colores en Asturias
El conjunto histórico artístico de Cimadevilla en Gijón
Elogio del horizonte, el chillid@ de Gijón
Avilés, una visita a su casco histórico
Carbayera de El Tragamón en Gijón, Monumento Natural
Playa de Barayo, la mejor playa de España