En la costa occidental de Gijón, donde antiguamente los acantilados se alzaban cual murallas sobre el Cantábrico y la niebla parecía tener vida propia, nació una de las leyendas más inquietantes de toda Asturias.
Hablo de Teresa Prieto, conocida como «la bruja de Jove», la mujer a la que su pueblo llamó bruja, vampira y maldita, pero que la historia, o quizá algo más poderoso, terminó absolviendo.
Su historia, situada en torno al año 1480, mezcla superstición, miedo, inquisición y un misterio que nunca llegó a resolverse del todo.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
A día de hoy, su nombre aún se pronuncia en voz baja entre los más viejos del barrio, como si al evocarlo se despertara algo dormido en la bruma.
Hoy, el barrio de Jove en Gijón, ha sido desplazado hacia el interior por la ocupación de terrenos al mar para la construcción del puerto del Musel y su área de logística.
Pero hace unos siglos, Jove se descolgaba hacia el mar a través de acantilados, que le dan a esta historia un mayor aura de misterio si cabe…
Indice del Artículo
Noche de la luna roja
La tradición sitúa el nacimiento de Teresa en una noche marcada por un presagio terrible, una luna roja, tan intensa que teñía de sangre las olas que rompían contra los acantilados de Jove.
La luna roja o de sangre es un fenómeno astronómico que sucede durante un eclipse lunar total, la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna haciendo que esta adquiere una tonalidad rojiza.
Su madre, una joven viuda de pescador, dio a luz sola, sin asistencia, mientras el viento golpeaba la casa como si quisiera levantarla de sus cimientos.
Dicen que la niña nació sin llorar, abrió los ojos —negros, profundos, casi líquidos— y miró a su madre con una calma antinatural.

Una vecina juró que la sombra de la criatura era más larga de lo normal, como si la luna la estirara de forma irreal.
Eran tiempos en los que los presagios se tomaban muy en serio y aquello bastó para que sus vecinos empezaran a rumorear.

Desde ese día, el pueblo murmuró que la niña estaba marcada por fuerzas oscuras, y en una época, en que la Inquisición extendía su sombra por cualquier territorio, esas sospechas eran semillas de futura tragedia.
Una joven que no envejecía
Teresa creció apartada, observada con recelo.
Tenía una belleza inquietante con una piel pálida incluso en verano, ojos que parecían ver más de lo que mostraban, y un cabello negro que casi absorbía la luz.
Pero lo que más desconcertaba a los vecinos era que no envejecía…
A los veinte años seguía pareciendo una bella niña.
A los treinta, una joven adolescente de mirada intensa.

Y cuando quienes habían crecido con ella empezaron a mostrar arrugas, Teresa seguía igual, como si el tiempo la rodeara sin tocarla.
En una época en la que lo inexplicable se asociaba al demonio, su juventud eterna se convirtió en prueba de brujería para muchos.
La casa de las hierbas y la sangre
Teresa vivía en una casucha aislada, cerca del borde del acantilado.
Cultivaba hierbas medicinales, pero también otras plantas que nadie conocía.
Los vecinos acudían a ella en busca de remedios y ungüentos que ella misma elaboraba, aunque siempre lo hacían con cierto temor y recelo.

Sus ungüentos funcionaban, sí, pero a veces dejaban a los pacientes extrañamente débiles, como si algo de ellos se hubiera escapado durante la curación.
Se decía que Teresa tenía un don para “extraer el mal”, pero algunos empezaron a sospechar que también extraía de ellos… «su fuerza vital».
Había quien afirmaba que, tras visitarla, se sentía mareado, estaba pálido, sin fuerzas…
Una noche, un pescador aseguró haberla visto inclinada sobre un cuenco donde mezclaba hierbas con un líquido rojo oscuro que parecía sangre.
Cuando ella levantó la vista, sus ojos brillaban e iluminaban con un fulgor antinatural.

Así, el rumor se fue convirtiendo en certeza para muchos de sus vecinos.
El desaparecido de Aboño
La desaparición de un joven del barrio de Aboño encendió la chispa definitiva.
Era un muchacho fuerte, acostumbrado al mar, que una noche no regresó a casa.
Sus amigos dijeron que lo habían visto por última vez cerca del camino que llevaba a casa de Teresa.
La búsqueda duró días, se peinaron los acantilados, el monte, la playa de Aboño… sin obtener resultado alguno.
Hasta que un vecino pescador, regresando a puerto, vislumbró una figura en lo alto del acantilado.
Creyó ver a Teresa, inmóvil, mirando al mar, con un bulto oscuro a sus pies.

Cuando el pescador le gritó, la figura desapareció entre la niebla.
Al llegar al lugar, no encontró a Teresa, pero sí restos de ropa del joven desaparecido, empapados en un líquido oscuro que no era agua de mar.
El pueblo, al enterarse de lo sucedido, estalló en pánico.
La Inquisición llega a Jove
En pleno siglo XV, la Inquisición buscaba señales de herejía en cada rincón del reino.
Y cuando los rumores llegaron a oídos del tribunal de Oviedo, enviaron a dos inquisidores a investigar.

Teresa fue detenida al amanecer.
La encontraron en su casa, tranquila, como si supiera que iban a por ella.
No opuso resistencia y tan solo dijo:
—No podéis juzgar lo que no comprendéis—.
La llevaron a Oviedo encadenada, mientras el pueblo la miraba con una mezcla de miedo y alivio.

Algunos lloraban, otros se santiguaban, y unos pocos, los más supersticiosos, evitaban mirarla a los ojos por temor a quedar embrujados para siempre.
El tormento
En las mazmorras del tribunal, Teresa fue sometida a interrogatorios y torturas.
La acusaban de brujería, vampirismo, pacto con el demonio, desaparición de jóvenes y manipulación de fuerzas oscuras.
La sometieron al potro, al agua, al tormento del fuego… pero Teresa nunca confesó.

Los inquisidores, desesperados, anotaron en sus actas que la mujer “mostraba una resistencia antinatural al dolor” y que “sus heridas sanaban con rapidez inquietante”.
Uno de ellos escribió: “no sé si es bruja o algo peor, pero no es una mujer común.”
A pesar de todo, Teresa guardó silencio, no lloró, no suplicó, no pidió clemencia.
Condenada a muerte
Tras semanas de tormento, el tribunal dictó sentencia: muerte en la hoguera.
El pueblo de Oviedo se preparó para el espectáculo, como era costumbre.

Pero entonces, algo extraño y anómalo ocurrió.
La noche antes de la ejecución, una tormenta descomunal cayó sobre la ciudad.
El viento rugía como una bestia herida y los rayos iluminaban fantasmagóricamente la torre de la catedral.
Algunos guardias juraron haber visto una figura femenina caminando por los tejados, envuelta en un halo rojizo.
Al amanecer, la hoguera estaba empapada, destrozada, inservible…
Y Teresa, en su celda, seguía pletórica, tranquila, con una expresión casi serena.
El recurso y la absolución
El defensor de oficio, impresionado por la resistencia de la acusada y por la falta real de pruebas sólidas, presentó un recurso ante el tribunal superior.
Alegó que los testimonios eran contradictorios, que no había cadáver del joven desaparecido y que la acusada no había confesado ni bajo tormento.
Contra todo pronóstico, el recurso prosperó…
La sentencia fue revocada y Teresa Prieto fue absuelta y puesta en libertad.

Regresó a Jove y el pueblo, su pueblo, quedó dividido.
Algunos lo vieron como un milagro, otros, como una señal de que fuerzas oscuras habían intervenido.
La desaparición de Teresa
Tras su liberación, cierto que Teresa regresó a Jove, pero no volvió a su casa.
No volvió a hablar con nadie.
No volvió a curar a los enfermos.
Una noche sin luna, un resplandor rojizo iluminó los acantilados.
Algunos pescadores aseguraron haber visto una figura femenina elevarse ligeramente del suelo, envuelta en un aura oscura.
Otros dijeron que escucharon un canto ancestral, casi hipnótico, que parecía surgir del propio mar.
Al amanecer, no quedaba rastro de ella.
Solo una marca en una roca: un círculo perfecto de ceniza negra.

La sombra que sigue presente en Jove
A pesar de su desaparición, la leyenda no murió.
Muchos aseguran haber visto su silueta en los acantilados, especialmente en noches de temporal.
Una figura femenina, inmóvil, mirando al horizonte, tal que levitando…

Otros dicen que, cuando el viento sopla del nordeste, se escuchan susurros que parecen pronunciar su nombre.
Y hay pescadores que juran que, en momentos de peligro, una voz femenina les advierte antes de que ocurra una desgracia.
En Jove, nadie se atreve a negar su presencia, porque Asturias es tierra de mitos y las leyendas no mueren, tan solo se transforman…
En resumidas cuentas
La historia de Teresa Prieto, la bruja y vampira de Jove, sigue viva, porque habla de algo más profundo que el miedo.
Habla de la frontera difusa entre la vida y la muerte, del poder ancestral de la oscuridad, y de la fuerza de una mujer que nunca perteneció del todo a este mundo.
Espero que mi versión de la leyenda de la bruja de Jove te haya, al menos, entretenido.
Para la elaboración de este artículo he utilizado IA, tanto para las imágenes como para el texto, dándole no obstante «mi habitual tono personal».
Otros enlaces de interés
Mito y realidad de Teresa Prieto, la bruja de Jove, migijon.com
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