El Nuberu, también conocido como Xuan Cabritu o Renubeiru, es una deidad, genio o ser de la mitología asturiana, cántabra, gallega e incluso del norte de León.
Tiene el control de las tormentas y tempestades, del granizo y de la lluvia.
Los que lo han visto lo describen como un hombre con barba poblada, que viste pieles y sombrero de ala ancha y, solo a veces, lleva un martillo en una mano.
Y dicen de él que destruye las cosechas de las personas que le ofenden, pero recompensa a las personas amables y de buen corazón.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Hoy te traigo una historia sobre este ser mitológico y una joven asturiana que, sin saberlo, pasó a formar parte de la mitología asturiana.
Indice del Artículo
El descenso
Era comienzos de Julio y ese año el verano era extremadamente caluroso en las tierras altas de Tineo.
Llara, una joven de veintitantos años, vivía sola en una pequeña aldea de la zona de Aristébano, en una braña del concejo de Tineo, en la misma frontera con el vecino concejo de Luarca-Valdés.
Había enviudado hacía unos años, no tenía hijos, y dedicaba todo su tiempo a cuidar de su casa de aldea, de sus sembrados, su huerta, sus cuatro vacas y doce cabras.
Tenía también unas gallinas y un viejo perro mastín, que la ayudaba con el ganado, cuando lo subía a los pastos de montaña.

Ese día, el cielo se torno gris negruzco sobre Tineo y Llara comprendió que esa tonalidad era presagio de tormenta, de lluvia y pedrisco…
Llara había heredado de su abuela, además de la casa, una sensibilidad especial para escuchar el viento y percibir la tormenta.
Y esa tarde en concreto el cielo se ennegreció sobremanera, tal que hacía muchos años que Llara no lo veía así de amenazante.
En seguida dio comienzo la descarga del primer rayo, un chispazo impresionante con su consiguiente grupúsculo de truenos.
Y fue en ese momento cuando Llara lo vislumbró…
Con un enorme chispazo y un trueno que ocasionó un gran estruendo, apareció la figura de un hombre con sombrero de ala ancha, barba poblada y vestido con traje de jirones de piel negra.
Iba encaramado sobre una nube y se dirigía hacia ella.

Llara se asustó y antes de que le diera tiempo a retroceder y guarecerse de la lluvia y el pedrisco que comenzaba a caer sobre todo el valle, la figura que «cabalgaba» la nube ya estaba a su lado.
Él la miró y le dijo: Hola soy el Nuberu…
Terriblemente asustada, Llara le gritó por encima de los incesantes truenos: no me hagas daño…
No vengo a hacerte daño… contestó él, pero necesito que me ayudes y me escondas en tu casa…
¿Esconderte? ¿de quién?
De las «Furias del Aire» replicó él…

Llara asintió, aceptó esconderle en su casa y ambos pasaron al interior.
La lluvia de pedrisco arreciaba y el cielo se había tornado tan negro que parecía que la noche había llegado de repente engulléndose el valle entero.
Una vez dentro de la casa, el Nuberu explicó a Llara que las Furias del Aire eran criaturas nacidas de las tormentas creadas por él mismo, y que ahora se habían rebelado en su contra.
La casa que recuerda
El Nuberu se instaló en un pequeño cuarto y se dispuso a pasar la noche en casa de Llara.
Afuera la tormenta no cesaba y el granizo sonaba chocando contra el tejado y los cristales de las ventanas que no tenían contraventanas de madera.
Era una casa vieja, de piedra, y su cubierta de madera crujía, dando la sensación de reconocer al ser que ahora la habitaba…
Con cada relámpago que acompañaba al rayo, toda la casa se iluminaba, mientras el Nuberu era observado de cerca por «el alma de la casa».
Él y Llara cenaron un poco de pote acompañado con pan de escanda hecho por ella misma.
Y después de cenar, el Nuberu se confesó con Llara.

No he venido aquí por casualidad…
He venido pues el cielo me ha dicho que, aunque probablemente tú no lo sepas, tienes un fuerte vínculo con él.
Llara estaba extrañada… ¿Yo? ¿vínculo con el cielo?… creo que te equivocas de persona…
No Llara, no me equivoco, yo ya he estado en esta casa…
Tu abuela fue una de las últimas «escuchadoras del viento», mujeres que eran capaces de interpretar los mensajes de la tormenta.
Ella me dijo una vez que si necesitaba ayuda, su familia me la proporcionaría…
Llara estaba perpleja… pero también asustada pues afuera se oían fuertes e inexplicables sonidos…
¿Qué son esos ruidos? preguntó Llara al Nuberu.
Son las Furias del Aire, que rondan la casa pero estate tranquila, son incapaces de entrar, adentro estamos a salvo.
Las Furias del Aire
Llara, extremando la prudencia se acercó a una de las ventanas y observó el exterior de la casa.
En el interior, tan solo el candelabro con tres velas iluminaba la estancia, afuera la oscuridad era extrema, tan solo rota por algún relámpago.
Y justo en el momento en que la chispa y el relámpago iluminaron durante un instante el exterior, Llara las vio.
Las Furias del Aire eran sombras alargadas con forma de mujer, que se movían rápidamente y tenían ojos como agujeros de luz… y melenas de amazona…

El Nuberu le explicó que antes eran sus ayudantes, encargadas de guiar las lluvias hacia los lugares que las necesitaban.
Pero algo cambió… una tormenta sin dueño las corrompió.
Y temía que si ellas dominaban el cielo, toda la región quedaría atrapada en un ciclo de tempestades sin propósito ni control.
Xuacu de la Bruma
A la mañana siguiente, la tormenta dio una pequeña tregua.
El sol brillaba en el exterior y el Nuberu dormía plácidamente en el interior de la casa.
Llara salió al exterior y todo estaba en orden, aun húmedo de la tormenta de la noche, pero todo en orden.
Se aseguró que el ganado estuviera bien y lo atendió.
Soltó a las cabras y a las vacas, bien protegidas en el cercado construido por ella misma, y dio de comer a las gallinas y al mastín.
El Nuberu es un ser mitológico que se caracteriza por ser un tanto dormilón, lo cual aprovechó Llara para acercarse a la casa de su amigo y vecino Xuacu de la Bruma.
Xuacu, vivía a km y medio de la casa de Llara y cuando la vio llegar se alegró.

Hola Llara, ¿viste que tormenta hubo anoche?
Llara le explicó lo sucedido, le dijo que el Nuberu estaba en su casa, que le había hablado de su abuela, y que había visto las Furias del Aire, que ahora «campaban a sus anchas»…
Xuacu, había sido pastor en las brañas de Somiedo durante mucho tiempo y explicó a Llara que había conocido al Nuberu cuando era niño.
Le explicó también que llevaba unas semanas observando que las Furias del Aire estaban alterando los vientos en los puertos y provocando tormentas fuera de temporada y sequías repentinas.
Están descontroladas, le dijo, y ahora… con lo que me cuentas… todo me cuadra.
También le reconoció que su abuela tenía un brillo especial en sus ojos, y tú Llara… afirmó, tienes ese mismo brillo.
Tienes el don de escuchar al cielo, le dijo, pero ese don siempre exige un precio…
El martillo del cielo
De vuelta a su casa Llara observó que el cielo volvía a oscurecerse.
Las Furias del Aire vuelven a hacer de las suyas pensó…
De nuevo puso a sus animales a resguardo en el cobertizo cerrado y entró en la casa.
El Nuberu, al verla llegar, le dijo… ciérralo todo que de nuevo se avecina fuerte tormenta.
Y así fue… enseguida comenzaron los rayos, seguidos de fuertes relámpagos y escandalosos truenos.
El Nuberu se acercó con Llara a la ventana y le enseñó como “leer” la tormenta…

Le mostró cómo distinguir un trueno de advertencia de uno de ira, cómo interpretar el color de las nubes, cómo sentir el pulso del viento… como entender el sonido del pedrisco al chocar contra el suelo…
Llara descubrió que el martillo del Nuberu, que en ocasiones le acompaña en la tormenta, no es solo una herramienta sino un fragmento del cielo solidificado, con el poder de rehacer o destruir tempestades.
Y ambos fueron conscientes de que las Furias del Aire atacaban el valle por primera vez, pero la casa las estaba repeliendo con un destello de luz.
El brillo de los ojos de Llara repelía el ataque de las Furias del Aire, aportando luz en la oscuridad de la tormenta a través de la casa, y por ello la atacaban.
La tormenta interior
Tanta enseñanza agotó a Llara.
Me voy a descansar, le dijo al Nuberu…
Yo quedaré vigilando en la ventana un rato más… le contestó el Nuberu.
Durante la noche, Llara empezó a sentir la tormenta dentro de sí…
Soñó con nubes que la llamaban por su nombre, con relámpagos que le mostraban caminos ocultos y desconocidos.

El Nuberu era consciente de la inquietud y desasosiego de Llara y temió que el vínculo con el cielo se hiciera demasiado fuerte.
Si Llara se une al cielo sin control, podría perder su humanidad pensó…
Mientras en el exterior las Furias del Aire, cada vez más desesperadas y agresivas, intentaban romper el círculo protector del valle.
El valle despierta
Durante la noche, ante el brutal ataque de las Furias del Aire, el valle entero se alzó para protegerlos.
Los árboles extendieron e inclinaron sus ramas moviéndolas de lado a lado, las montañas vibraron produciendo sonidos nunca antes oídos, los riachuelos cambiaron su curso…

Y todo ello para intentar dominar a la tempestad.
Al amanecer, el Nuberu reveló a Llara que eligió ese lugar porque allí nació la primera tormenta que él creó, siglos atrás.
Y Llara comprendió que la memoria de la tierra es tan poderosa como la del cielo.
La ruptura del cielo
Pese a todos los esfuerzos, las Furias del Aire lograron abrir una grieta en la protección del valle.
Ocurrido esto, una tormenta gigantesca se formó sobre todo el concejo de Tineo y parte de Luarca, una tormenta sin dueño, sin propósito, capaz de arrasar montes enteros.
Llara decidió enfrentarse a ella… no quedaba otra… y el Nuberu, cada vez más debilitado por la acción de la Furias del Aire, entregó su martillo a Llara.
Úsalo con prudencia y con bondad, le dijo…

Llara, señora del viento
Llara, martillo en mano, abrió la puerta y salió de la casa dispuesta a encarar a la violenta tormenta.
Y allí, entre rayos, truenos y relámpagos, pedrisco, viento y frío, descubrió que las Furias del Aire no eran maldad pura, sino solamente dolor, fragmentos del cielo que perdieron su guía…
Ella usó el martillo para rehacer la tormenta desde adentro, y no sin esfuerzo, y tras horas de lucha, consiguió devolver a las Furias del Aire su propósito original.
Entonces el cielo se calmó y se abrieron claros que dejaron paso al sol, que rápidamente lo secó todo.

Y de nuevo volvió el verano… y los trinos de los pájaros lo invadieron todo…
Y de nuevo el verde de la montaña asturiana sustituyó a la oscuridad…
El nuevo equilibrio
El Nuberu recuperó su fuerza, pero reconoció que el cielo ya no puede depender solo de él.
Llara se convirtió en su compañera, guardiana del valle y mediadora entre tierra y nubes.

Las Furias del Aire volvieron a ser guías de la lluvia, obedeciendo no por miedo, sino por respeto.
El valle quedó marcado por aquellas dos noches de lucha…
Y los más viejos del lugar comenzaron a contar una nueva historia, la de la mujer que escuchaba al cielo y del ser mitológico exhausto, que encontró un tiempo de descanso en Asturias, en una braña de Tineo…
En resumidas cuentas
En resumidas cuentas, con mi historia te he presentado al Nuberu… «el que trae la tormenta«, y habrás vislumbrado que los seres mitológicos son mucho más humanos de lo que creemos…
También te he mostrado que la mitología asturiana se nutre de seres que, siendo personas normales, pasan a formar parte del «olimpo de los dioses», de manera casual pero con cierto fundamento…
Como siempre, espero que mi historia te haya gustado y entretenido…
Para la realización de este artículo he utilizado IA, tanto para las imágenes como para el texto, dándole no obstante mi habitual «tono personal».
Otros enlaces de interés
El Nuberu asturiano: amo de las tempestades, davidtebras.com
Mitología asturiana: el Nuberu, astures.es
Otros de mis artículos que te pueden interesar:
El azabache asturiano, nuestro «oro negro»
Xuanín, el pato que añoraba el mar
Los quesos asturianos, el tesoro gastronómico de Asturias
La bruja de Jove y su tenebrosa leyenda
La Asturias olvidada, un paseo por los pueblos deshabitados del Paraíso Natural
Los Vaqueiros de Alzada, una cultura diferente
La Asturias legendaria, cinco relatos mágicos
El otoño y sus colores en Asturias
Luarca cuatro crónicas de un pueblo
El aullido del lobo, lobos en Asturias
La sidra natural, el espíritu de Asturias
Qué bonita historia Pepu.Las leyendas e historias de nuestra Asturias q no se olviden.
Un abrazo
Fernando
Me alegra de que te guste Fernando, la verdad es que la mitología asturiana da para mucho y todavía es poco conocida.
Gracias por leer mis artículos.