Los Pericones, es una extensión verde que se despliega sobre una colina suave, entre barrios populares y avenidas de tránsito cotidiano, pero que conserva algo difícil de definir: una mezcla de refugio, mirador, memoria y escenario de vida.
Hay lugares que no necesitan presentarse: basta con nombrarlos para que la ciudad entera acuda en forma de recuerdos.
En Gijón, uno de esos lugares es el Parque de los Pericones.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
Los Pericones no es el parque más monumental… ni el más fotografiado… pero sí uno de los más queridos.

Quizá porque, como ocurre con los espacios verdaderamente vivos, su identidad no está en lo que muestra, sino en lo que provoca.
Indice del Artículo
Localización y cómo llegar
Los Pericones es una colina que se localiza en el centro sureste de Gijón.
En la actualidad ya se encuentra totalmente rodeada por la ciudad, por lo que desde las partes más elevadas de la colina tienes bonitas vistas de los barrios de Gijón.

Aparcar no resulta fácil y aunque hay algunos aparcamientos en su entorno, ya sean libres o de pago, yo te recomiendo el acceso a pie o en transporte público.
A pie, desde el centro de Gijón, solo tienes que buscar la avenida del LLano, que comienza en el céntrico Paseo de Begoña.
Seguirás esa avenida en dirección sur hasta dar con Los Pericones, en 10 minutos estarás en el parque.
Hay varias líneas de autobús que te dejan cerca de Los Pericones, las líneas 2,10,12 18 y 20 te dejan cerca del parque, dependiendo desde dónde te dirijas.
Te dejo no obstante la geolocalización para que te orientes:
Una colina que siempre estuvo ahí
Antes de ser parque, Los Pericones era simplemente una elevación natural que marcaba el límite entre el Gijón industrial y los barrios que crecían hacia el interior.

Su topografía, más ondulada que abrupta, lo convertía en un lugar perfecto para mirar la ciudad desde arriba sin alejarse de ella.

Con el tiempo, la colina se fue llenando de caminos improvisados, huertas, zonas de paso y pequeños usos vecinales.
Era un espacio sin diseño, pero con vida.

Hoy, el manantial ya ha sido encauzado a través de tuberías
La transformación en parque urbano llegó más tarde, cuando Gijón empezó a repensar sus espacios verdes como parte de una estrategia de bienestar y convivencia.
Los Pericones se consolidó entonces como un pulmón central, un lugar donde la ciudad podía respirar sin perder su carácter popular.

Hoy, el parque es un mosaico de praderas, arbolado, senderos, áreas deportivas y rincones tranquilos que conviven sin jerarquías, como si cada parte supiera que forma parte de un todo mayor.

El parque como geografía emocional
Quien camina por Los Pericones descubre pronto que no es un parque de postal.
No tiene un gran lago, ni esculturas icónicas, ni un diseño paisajístico que busque impresionar.
Su belleza es otra: la de lo cotidiano elevado a paisaje.



Las cuestas suaves, los bancos orientados al oeste para disfrutar la puesta de sol, los pinos que recortan el cielo, los caminos que se bifurcan sin prisa…

Todo invita a un tipo de relación íntima, casi doméstica, con el espacio.


Aquí se aprende a mirar la ciudad desde dentro y desde arriba.
Desde ciertos puntos, Gijón se despliega como en un coliseo: el barrio de El Llano, las torres del Polígono, el cerro de Santa Catalina, a lo lejos el Cantábrico, insinuándose entre edificios o incluso la Universidad Laboral.




Es una panorámica que cambia con la luz y con las estaciones, pero que siempre mantiene algo de promesa.
Hablo de la sensación de que, desde aquí, la ciudad es más amplia y más respirable de lo que parece cuando se camina a ras de calle.
Un parque que se habita, no que se visita
Los Pericones no es un parque turístico, es más bien un parque vivo.
A cualquier hora del día, la colina se convierte en un escenario de usos múltiples y simultáneos.

Puedes ver corredores que entrenan cuestas, familias que celebran cumpleaños, personas mayores que pasean con calma, adolescentes que improvisan partidos de fútbol, perros que corren en libertad, parejas que buscan un banco discreto, lectores que encuentran sombra bajo un pino.


Esa convivencia de ritmos y edades es una de las mayores riquezas del parque.

No hay un único modo de estar en Los Pericones, cada quien encuentra el suyo.

Y esa diversidad de usos genera una sensación de comunidad espontánea, de pertenencia compartida sin necesidad de grandes gestos.



El cementerio de El Suco, el parque se vuelve sagrado
El Camposanto
En Gijón hay lugares que no buscan ser descubiertos, y que permanecen discretos, como una respiración profunda bajo el pulso de la ciudad.

El Cementerio del Suco, situado en la ladera de Los Pericones, es uno de esos espacios donde el tiempo parece detenerse y donde la historia se manifiesta sin necesidad de palabras.

No es un cementerio monumental ni turístico: es un recinto íntimo, recogido, que guarda la memoria de miles de generaciones gijonesas, con una dignidad silenciosa.

Su origen se remonta al siglo XIX, cuando la ciudad comenzó a expandirse y necesitó nuevos espacios funerarios más allá del casco histórico.

El Suco nació como un cementerio parroquial, vinculado a la iglesia del barrio gijonés de Ceares.
Durante décadas fue el lugar donde se despedía a vecinos de los barrios cercanos, familias humildes y trabajadores que formaron el tejido social de un Gijón en transformación.

Sus muros, sus cipreses y sus lápidas hablan de esa historia cotidiana que rara vez aparece en los libros, pero que sostiene la identidad de una ciudad.

El recinto conserva un aire rural, casi de aldea, a pesar de estar rodeado hoy por avenidas, viviendas y equipamientos deportivos.

Ese contraste —lo antiguo frente a lo urbano, lo íntimo frente a lo expansivo— es parte de su encanto.

Pasear por sus pasillos estrechos, entre panteones sencillos y cruces desgastadas, invita a una reflexión pausada.
A ese tipo de silencio que solo se encuentra en lugares donde la memoria ha echado raíces profundas.


En memoria…
El Cementerio del Suco no es solo un espacio funerario: es un fragmento de la historia emocional de Gijón.



Un recordatorio de que la ciudad que vemos se sostiene sobre vidas que la construyeron con esfuerzo, sufrimiento, afecto, ilusiones y anonimato.
Es un lugar que, sin pretenderlo, nos enseña a mirar el tiempo con respeto.
Naturaleza cercana, naturaleza posible
Aunque Los Pericones no es un parque forestal, su vegetación tiene una presencia constante y amable.





Pinos, chopos, tilos, arces, fresnos, abedules, castaños, robles, laureles, árboles frutales y praderas amplias crean un paisaje que cambia con las estaciones.
El verde intenso de la primavera, el dorado del otoño, la luz oblicua del invierno que alarga las sombras sobre la hierba…




La fauna urbana también encuentra aquí su refugio: mirlos, gorriones, petirrojos, urracas, torcaces y un sinfín de aves más, además de ardillas que cruzan los caminos con agilidad.





No es naturaleza salvaje, pero sí una naturaleza cercana, accesible, que recuerda que incluso en una ciudad industrial como Gijón hay espacio para la vida que crece sin prisa.
El deporte como lenguaje común
Uno de los rasgos más característicos del parque es su vocación deportiva.

Las pistas de atletismo, los campos de fútbol, las zonas de entrenamiento y los senderos que serpentean por la colina convierten Los Pericones en un gimnasio al aire libre.

Aquí se entrenan clubes, aficionados y personas que simplemente buscan moverse un poco al final del día.

El deporte funciona como un lenguaje común que une generaciones y estilos de vida.


No importa si se corre, se camina, se juega o se estira: el parque acoge todas las formas de movimiento.

Esta energía colectiva, ese pulso constante, contribuye a la sensación de vitalidad que define al lugar.
Un mirador hacia lo que fuimos y lo que seremos
Los Pericones es también un espacio de memoria.
Desde su altura se puede intuir la historia reciente de Gijón: la expansión urbana, la transformación industrial, los barrios que crecieron y los de nueva creación, la ciudad que se reinventó a sí misma…

La colina funciona como un punto de observación, pero también como un recordatorio de que las ciudades cambian, y de que los espacios verdes son esenciales para sostener esa transformación sin perder su humanidad.

En un tiempo en el que las ciudades tienden a la densidad y a la velocidad, Los Pericones ofrece otra lógica: la del ritmo pausado, la del encuentro casual, la del horizonte amplio.

Es un lugar que invita a pensar, a respirar, a recordar que la vida urbana puede ser también un ejercicio de calma.

Un parque que pertenece a todos
Quizá la mayor virtud de Los Pericones sea su capacidad para no excluir a nadie.

No es un parque elitista ni un espacio diseñado para un tipo concreto de usuario.
Es un parque democrático, en el sentido más profundo del término: un lugar donde todas las vidas caben, donde cada persona encuentra su rincón, donde la ciudad se reconoce diversa y plural.


Esa cualidad, tan sencilla y tan difícil de lograr, convierte a Los Pericones en un símbolo de Gijón: una ciudad abierta, cercana, con un carácter popular que no renuncia a la belleza ni a la dignidad de sus espacios.



En resumidas cuentas
El Parque de Los Pericones no es solo un espacio verde, es la colina que nos sostiene.
Es una geografía emocional, un mirador cotidiano, un refugio urbano, un escenario de vida.

Es un lugar donde la ciudad de Gijón se mira a sí misma y se reconoce.
Un parque que no necesita grandes monumentos porque su monumento es la gente que lo habita.
Quizá por eso, cuando uno sube la colina y mira la ciudad desde arriba, siente algo difícil de explicar.

Siente la certeza de que este parque, tan sencillo y tan vivo, forma parte de lo que somos y de lo que queremos seguir siendo.

Te propongo un paseo por Los Pericones, sin itinerario, a tu aire… así podrás ver y disfrutar todo lo que aquí has leído… ya que es, en mi opinión, el parque ideal para un relajado paseo…
Es más… te propongo que vayas a disfrutar de una puesta de sol… pues este parque es famoso por sus hermosas puestas de sol.

Para la realización de este artículo he utilizado IA, dándole no obstante «mi habitual tono personal».
Todas las imágenes de este artículo son propias.
Otros enlaces de interés
Mañana de año nuevo en Los Pericones, xurdemoran.blogspot.com
Parque de Los Pericones, minube.com
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Sorprende, piensas q lo conoces y aún descubres algo nuevo. Gracias, Pepu
Pues sí, pasa muchas veces… cuando profundizas en algo terminas dándote cuenta de muchas cosas en las que la mayoría de la gente no se fija. Eso es lo bonito de escribir, transmites cosas que perduran y hace pensar al que lo lee.
Muchas gracias por tu comentario.