La senda costera que une Xivares y Perlora por el histórico paso de El Tranqueru es uno de esos caminos que revelan, paso a paso, cómo la costa asturiana combina naturaleza, turismo, memoria y resistencia.
La senda que une Xivares y Aboño es un recorrido breve pero lleno de matices, un pasillo donde la costa asturiana muestra una de sus convivencias más singulares: la del paisaje natural con la huella industrial que ha marcado la zona durante décadas.
No pretendo darte una relación exhaustiva de datos, solo quiero encender en ti la chispa de la curiosidad por este tema
Pepu Tejedor
No son rutas largas, pero sí intensas: cada tramo guarda una historia, cada curva abre una perspectiva distinta, y cada sonido —el tren, el viento, la vegetación que se inclina hacia el Cantábrico— recuerda que este corredor ha sido, durante décadas, un punto de encuentro entre la vida humana y el territorio.
Son 2 rutas que se concatenan, una hacia el oeste y otra hacia el este, miden cada una poco más de 1 km y puedes caminarlas una tras otra fácilmente.
El recorrido suele iniciarse en Xivares, y de hecho en mi visita he dejado el coche en esta localidad, pero bien podrías comenzar en Perlora y hacer las 2 seguidas.
Indice del Artículo
Senda costera Xivares a Perlora
Xivares es un lugar que conserva el carácter de las pequeñas parroquias costeras, donde las casas se asientan en suaves laderas y los caminos parecen dibujados para acompañar el ritmo de la caminata.

LLegar a Xivares
Llegar a la población de Xivares, en la parroquia de Albandi, perteneciente al concejo de Carreño (cuya capital es el bonito pueblo pesquero de Candás), no resulta difícil.
Puedes hacerlo en vehículo propio, entre otras opciones, por la autopista A-8 y cogerás la salida 397 hacia Tabaza circulando por la AS-19 hasta enlazar con la AS-118 que te lleva directamente a Xivares.
También puedes coger en Gijón la ronda que circunvala la ciudad (A-8) y dirigirte por las GJ-10 dirección Candás.
Atravesarás polígonos industriales y el barrio gijonés de Tremañes hasta entroncar con la AS-19 que enlaza con las AS-118 como en el caso anterior.
Todo está bastante bien señalizado.
Otra opción es utilizar el ferrocarril de FEVE, que desde Gijón o Avilés tiene parada en Xivares y Perlora.
También la empresa ALSA tiene alguna línea entre Gijón, Candás, Luanco y Avilés, con parada en Xivares.
Te dejo la geolocalización de Xivares para que te orientes:
Como puedes ver Xivares es un lugar pequeño y, buscando la costa, en seguida estarás en la senda costera.
Aparcar en Xivares no resulta difícil salvo esos días de verano con buen tiempo que los playistas saturan la población, así que procura evitar esos días para hacer estas rutas.

El día de mi visita yo aparqué en el entorno de la playa, pero ojo que en verano cobran 3 euros por aparcar ahí.
Comenzando la senda a Perlora
Desde aquí, la senda asciende ligeramente por caminos de tierra, buscando la línea antes hormigonada, ahora ya de gravilla.
No es otra cosa que el antiguo trazado ferroviario que durante años conectó la zona con la actividad industrial de la comarca.

Ese vínculo con el tren es una de las señas de identidad de todo el camino.



La vía en desuso por la que transcurre la senda, «suspendida» sobre acantilados y túneles, se convirtió en un símbolo de la relación entre la costa y la industria, entre el paisaje natural y la infraestructura que lo atravesaba.

El Tranqueru
El Tranqueru, es el punto central del recorrido y es un lugar donde la historia se siente casi física.

Recuerdo que cuando era crío e iba con mis padres en el ferrocarril desde Gijón a Perlora a pasar el día, me daba miedo este tramo, pues el tren prácticamente «se colgaba» de los acantilados.
Durante décadas, este tramo ferroviario fue un paso estrecho y espectacular.
Era una especie de balcón sobre el litoral que muchos vecinos cruzaban imprudentemente a pie, pese al tránsito de los trenes, para acortar distancias entre Xivares y Perlora.

El nombre evoca precisamente ese gesto cotidiano: un tranqueru… una barrera, un límite al monte, que se cruzaba con cuidado y familiaridad.
Tienes una bajada indicada a una amplia playa (playa del Tranqueru) muy bonita pero peligrosa para el baño por las fuertes corrientes del mar.
No olvides que estás muy cerca de la desembocadura del río Aboño, por la que, en la actualidad, fluye la corriente del agua procedente de Arcelor y del embalse de San Andrés hacia el mar.


Más adelante en la senda, sin bajada pero comunicada con la anterior en bajamar, tienes la pequeña playa de Morís.

Hoy, sin trenes en activo por este recorrido, el espacio se ha transformado en un mirador natural que conserva la esencia de lo que fue: un corredor suspendido entre roca y horizonte.

Al caminar este tramo podrás darle rienda suelta al disparador de tu cámara si la llevas, sobre todo al atravesar el puente sobre el acantilado.

Afortunadamente este tramo ha sido ya arreglado…

La senda continúa bordeando la costa, siempre con la vegetación acompañando el camino.


Helechos, zarzas, espineras y pequeños robles se mezclan con praderas que descienden hacia el mar, creando un mosaico de verdes que cambia con la luz del día.



En algunos tramos, el terreno se estrecha y obliga a caminar con atención; en otros, se abre en balcones naturales donde el paisaje se vuelve más amplio y sereno.


Es un camino que invita a detenerse, a observar, a escuchar el rumor del entorno.


Llegando a Perlora
A medida que el sendero avanza hacia Perlora, el paisaje adquiere un matiz distinto.

Después de atravesar varios túneles del antiguo trazado del ferrocarril, aparece la Ciudad Residencial de Perlora.


Sus casitas de colores y su trazado ordenado, muestra a la ciudad de vacaciones como un contraste amable frente a la naturaleza más salvaje del tramo anterior.

Este enclave, inaugurado en los años cincuenta como espacio vacacional para trabajadores, conserva un aire nostálgico que se mezcla con la tranquilidad del entorno.
Caminar entre sus avenidas y praderas es como entrar en un pequeño mundo detenido en el tiempo, donde cada edificio cuenta una historia de veranos familiares, juegos, meriendas y días luminosos.

Todo ello en un lamentable estado ruinoso y de total abandono en la actualidad.
La llegada a Perlora marca el final de este recorrido y tras darte un paseo por la pequeña ciudad tan solo queda volver por donde has venido.
En el apartado otros enlaces de interés te dejo un artículo mío sobre Perlora, ciudad de vacaciones.
Senda costera Xivares a Aboño
Comenzando la senda a Aboño
Como en la senda anterior, el camino arranca en Xivares, donde el aire conserva ese olor a pradera húmeda que anuncia cercanía al litoral.

Desde los primeros pasos, de nuevo la senda se abre entre vegetación.

Helechos que invaden el sendero, espineras que bordean el camino y pequeñas manchas de pinos jóvenes que parecen custodiar el paso.

El terreno asciende apenas, lo suficiente para que el horizonte se amplíe y el caminante empiece a sentir la presencia del paisaje costero y el mar… sobre todo el mar…



A medida que avanzas, la ruta se acerca a la zona con actividad industrial.

Lo que se percibe, es un recordatorio silencioso de la relación entre la costa y la industria, entre el territorio natural y la infraestructura fabril que hoy lo «habita».
No es un elemento decorativo: es parte de la historia del lugar, una actividad que acompañó la vida de generaciones y que hoy aporta un carácter singular al recorrido.
Enfocando Aboño
El sendero prosigue hacia Aboño, y el paisaje empieza a transformarse.

La vegetación se abre, las praderas se extienden y el terreno adquiere un tono más áspero, más marcado por la presencia industrial.
Aquí el caminante percibe la convivencia (¿o debería decir connivencia?) entre naturaleza y actividad humana: estructuras, caminos de servicio, sonidos que llegan desde la zona industrial y que se mezclan con el viento y el rumor del entorno.

También puedes cambiar el tránsito por la senda e ir por la playa misma siempre que el estado del mar lo permita y el horario de la bajamar también.
Como continuación de la playa de Xivares, aparece la playa de Peñamaría que te lleva hasta las misma ría de Aboño.


Vislumbras el Parque de Carbones en un contraste que define esta parte de Asturias, donde la costa no es solo belleza natural, sino también memoria industrial.
Aboño aparece como un enclave donde esa dualidad se hace evidente.


El entorno industrial, con su ritmo propio, convive con espacios de vegetación que resisten y se adaptan.
Caminar hasta este punto es comprender que el paisaje no es estático: cambia, se reconstruye, se redefine.

Aboño y en especial su playa y su río han sido sacrificados por la industria… Arcelor Mittal, la térmica de Aboño, la cantera y la planta de Cementos Tudela Veguín…
Y en esa transformación, la senda ofrece una mirada honesta, triste, y cruel pero muy real, sobre la «ultrajada identidad» de la zona de Aboño.




Mencionar tan solo que la fabricación de cemento libera gran cantidad de gases de efecto invernadero

En mis recuerdos tengo aquella «desaparecida» playa de Aboño con su río que horadaba la arena en la desembocadura… y yo, con mi padre a mi lado que me sostenía, colgaba las piernas en la orilla, hasta que la fuerza del río desprendía y arrastraba la arena…
Toda esa zona, ese valle, ha sido ocupado por toda esta industria desde hace décadas…
Ahora…. tan solo queda volver sobre nuestros pasos, de nuevo hasta Xivares o hasta Perlora, dependiendo de dónde hayas iniciado la senda.
En resumidas cuentas
Quien recorre la senda de Xivares a Perlora por El Tranqueru descubre que el paisaje no es solo un escenario, sino más bien un relato.
Cada tramo habla de cómo la costa ha sido utilizada, protegida, transformada y vivida.
El antiguo trazado ferroviario recuerda la importancia de la industria en la comarca.
Los acantilados y praderas muestran la fuerza del entorno natural.

Y por supuesto, Perlora aporta la dimensión humana y social que completa el conjunto.
Es una ruta que invita a caminar despacio, a mirar con atención y a sentir que, en cada paso, se atraviesa un fragmento de historia.
El recorrido de la senda Xivares a Aboño, aunque breve, deja una impresión duradera.
No es una ruta de grandes panorámicas, sino de detalles: la textura de la roca, el sonido del viento entre las estructuras, la mezcla de verde y hierro, la sensación de caminar por un territorio que ha sido vivido, trabajado y transformado.
La senda de Xivares a Aboño es, en esencia, un testimonio del diálogo constante entre naturaleza y actividad humana, un corredor que invita a observar y a entender el paisaje desde su complejidad.

Sea cual sea el momento, ambos recorridos ofrecen una experiencia que combina belleza, memoria y una sensación de pertenencia difícil de explicar pero fácil de sentir.
De Perlora… ese abandono…
De Aboño… ese deterioro del entorno por el uso industrial… la contaminación…
Te invito a que realices ambos recorridos ya que son fáciles de caminar y no dudo serán «una experiencia sensorial» para tus sentidos.
Creo que te ayudarán a valorar más la naturaleza que, afortunadamente, en Asturias aun abunda.

Espero tus comentarios…
Para la realización de este artículo he utilizado IA, dándole no obstante «mi habitual tono personal».
Todas las imágenes de este artículo son propias.
Otros enlaces de interés
Senda costera Xivares-Perlora por el Tranqueru, jaspasturias.blogspot.com
Perlora ciudad de vacaciones abandonada, escapadarural.com
Se amplía el parque de carbones de Aboño, elfaro.as
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